martes, 8 de febrero de 2011

Egipto en Estados Unidos

Se dice que algún político estadunidense, justificando el apoyo de Washington a dictadores, declaró que Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta, y esa frase, cambiando el apellido, tal vez resume más que nada la relación de Estados Unidos con el régimen de Hosni Mubarak durante los últimos 30 años. Y al igual que ocurrió con Nicaragua, ahora parece ser el caso en Egipto –con muchos más ejemplos en medio–, en donde un pueblo decide sorprender al autoproclamado defensor mundial de la democracia sólo por demandar, pues, democracia, y con ello provocar una crisis para los que manejan eso de la geopolítica.
Egipto es el segundo receptor de la asistencia estadunidense en el mundo (unos 1.500 millones de dólares anuales, con más del 85 por ciento en asistencia militar). Estados Unidos ha capacitado a sus fuerzas armadas, ha suministrado desde los tanques Abrams, aviones caza y más aparatos militares hasta el gas lacrimógeno que la policía lanzó contra los manifestantes, a cambio de que se comporte como un aliadoconfiable de la lógica geopolítica de Estados Unidos en la región.
Pero ahora, cuando nuestro hijo de puta pierde el control, el desafío para Washington es el manejo de la crisis, la cual decora con palabras como democraciaelecciones imparciales y libresrespeto a los derechos humanos y todo lo demás que durante años jamás se había exigido de esta manera desde Estados Unidos. De hecho, las cámaras de tortura empleadas contra disidentes por el régimen de Hosni Mubarak fueron las mismas que se utilizaron, como favor al gobierno estadunidense, para torturar a sospechosos de terrorismo secuestrados por la CIA en otras partes del mundo en lo que se llamabarendiciones (una de las confesiones arrancadas por medio de torturas ahí formó parte de las evidencias empleadas por Estados Unidos ante la ONU para justificar la guerra contra Irak).
De repente algunos políticos ahora confiesan que quizá fue un error dar prioridad a los intereses geopolíticos y no a la democracia. El senador demócrata John Kerry, presidente del Comité de Relaciones Exteriores, escribió esta semana que durante un largo periodo el financiamiento estadunidense a los militares egipcios ha dominado la relación bilateral, porque existía un entendimiento estratégico de que nuestra relación beneficiaba la política exterior estadunidense y promovía la paz en la región, y por lo tanto, afirmó, había una política de apoyo a Mubarak. Pero subrayó que la ira y las aspiraciones que impulsan las manifestaciones no desaparecerán sin cambios extensos, y por ello advirtió que “el despertar en todo el mundo árabe tiene que llevar nueva luz a Washington también. No se sirven nuestros intereses cuando observamos a gobiernos amistosos derrumbarse bajo el peso de la ira y frustración de sus propios pueblos…”
Pero tal vez la frase que mejor resumió la relación estadunidense (e israelí) con Mubarak fue la de John Rothmann, un sionista estadunidense que en su programa de radio en San Francisco afirmó: nadie defiende a Mubarak. Puede que sea un bárbaro, pero es nuestro bárbaro.
Pero otros en este país denuncian la lógica que ha dominado la relación bilateral. En la misma San Francisco, como en otras ciudades, incluida Washington, a lo largo de los últimos días se han realizado actos en solidaridad con los rebeldes en Egipto con la participación de diversas agrupaciones progresistas junto con representantes de la comunidad egipcia en este país. En San Francisco un amplio contingente de la agrupación Voz Judía por la Paz se sumó a la manifestación de solidaridad con el pueblo egipcio el sábado, lo que provocó un intenso y furioso debate en esa comunidad a nivel nacional; incluso otras agrupaciones judías acusaron a Voz de ser anti Israel, reportó el New York Times.
En el otro extremo, para algunos de la derecha en Estados Unidos la sublevación en Egipto es un asunto casi apocalíptico. Glenn Beck, la figura mediática más famosa de la derecha, advirtió a sus televidentes en Fox News de que los Herrmanos Musulmanes y la izquierda radical estadunidense operan de manera conjunta en Egipto para llevar a cabo la destrucción del mundo occidental. Acusó a agrupaciones estadunidenses antiguerra como Código Rosa, Hamás y los Hermanos Musulmanes de estar vinculados para promover una agenda izquierdista totalitaria, y por eso instó a todos a orar por nuestra forma de vida.
Para Noam Chomsky, la rebelión en Egipto va precisamente contra de nuestra forma de vida, impuesta a ese pueblo por su gobierno, y las políticas estadunidenses –sobre todo el modelo neoliberal– que anularon sus aspiraciones más básicas. En entrevista con Amy Goodman en su programa Democracy Now!, Chomsky dijo que Estados Unidos y Egipto están relacionados no sólo por la cúpula, sino por lo que ocurre en sus sociedades. La evaluación de los políticos estadunidenses, dijo, era que lo más importante es que los dictadores nos apoyan en la región y podemos hacer caso omiso de la población porque están en silencio, y mientras prevalece el silencio, ¿a quién le importa? De hecho hay algo análogo en eso con respecto a la situación interna en Estados Unidos, y por supuesto es la misma política por todo el mundo.
Chomsky explicó que la población de Estados Unidos también está llena de ira, frustrada, llena de temor y odios irracionales. Los cuates en Wall Street, mientras tanto, están muy bien, los mismos que crearon la crisis actual... Y ellos están saliendo más fuertes y ricos que nunca. Pero todo está bien mientras se mantiene pasiva la población... Ese es el escenario que se ha estado desarrollando en Medio Oriente también, como lo fue en Centroamérica y otros dominios.
Chomsky concluye que todo ello revela un desprecio por la democracia y la opinión pública realmente profundo por parte de los gobernantes.
Egipto, por el momento, ha puesto a todos esos gobiernos sobre aviso.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/02/07/index.php?section=opinion&article=023o1mun

sábado, 5 de febrero de 2011

Egipto al borde de la guerra civil

La revolución en Egipto está alcanzando un punto crítico. El viejo poder del Estado se derrumba bajo los golpes de martillo de las masas. Pero la revolución es una lucha de fuerzas vivas. El viejo régimen no tiene intención de rendirse sin lucha. Las fuerzas contrarrevolucionarias están pasando a la ofensiva. Hay feroces combates en las calles de El Cairo entre elementos pro y anti-Mubarak.
La “Protesta de millones" del lunes superó todas las expectativas. Más de un millón de personas abarrotaron la plaza Tahrir de El Cairo. Hubo 300.000 en las calles de Suez, 250.000 en Mahalla, 250.000 en Mansurá y una cifra impresionante de 500.000 manifestantes en Alejandría. Este poderoso movimiento no tiene ningún precedente en la historia egipcia.
Los manifestantes tomaron las calles de cada pueblo y ciudad. Según algunas estimaciones alrededor de 4 millones de personas se manifestaron ayer en Egipto. Por el contrario, los números de quienes salieron ayer a las calles para expresar su apoyo al Presidente fueron pequeños y, sin duda, estuvieron conformados por miembros de las fuerzas de seguridad, los burócratas y sus familias, todos los que tienen algo que perder si Mubarak es derrocado.
La revolución tiene enormes reservas de apoyo. Sin embargo, hay deficiencias en el campo revolucionario. Como hemos dicho desde el principio, el carácter espontáneo del movimiento es su principal fortaleza y su principal debilidad. Las fuerzas de la contrarrevolución son numéricamente más débiles (esto se demostró ayer). Pero los números no son todo en la revolución, así como en la guerra. Muchas veces en la historia un gran ejército compuesto por soldados valientes ha sido derrotado por un ejército profesional más pequeño y con buenos oficiales.
Los revolucionarios tienen la determinación, la valentía y la moral. Pero los contrarrevolucionarios tienen mucho que perder: sus puestos, posiciones, poder y privilegios. La desesperación les dará el valor para resistir. Y están organizados y bien entrenados. No hay la menor duda de que las tropas de choque de la mafia que hoy atacó a los manifestantes en la Plaza Tahrir eran policías sin uniforme. Esto no era una manifestación espontánea de lealtad hacia el Presidente, sino una acción cuidadosa que corresponde a un plan elaborado.
La estrategia de Mubarak En Túnez, el Presidente Ben Ali decidió relativamente pronto que el juego había terminado y tomó un avión al exilio junto con su esposa y una gran cantidad de botín. El Presidente Mubarak de Egipto es más duro y obstinado. Ha decidido hacer caso omiso de los millones de manifestantes que gritaban a favor de su caída en las calles. A él no le importa lo que suceda con Egipto. Menos aún las preocupaciones de sus viejos amigos y aliados en Washington. Su único programa es la supervivencia. Su única perspectiva es el viejo lema de los déspotas: "Après moi le deluge!": "¡Después de mí, el diluvio!"
Ahora todo el mundo debe darse cuenta de que la única manera de calmar el país es que el Presidente se vaya. Los autoproclamados "líderes de la oposición" han dejado claro que ellos ni siquiera dialogarán a menos que Mubarak desaparezca. No tienen otra opción, ya que las masas en las calles están vigilantes y no van a tolerar ningún compromiso.
Por lo tanto, la única esperanza para asegurar una "transición ordenada del poder", que los Estados Unidos tan fervientemente desean, es la eliminación inmediata de Mubarak. Pero John Simpson, el responsable de noticias internacionales de BBC News, un comentarista burgués inteligente, señala correctamente: "el único problema es que nadie le ha dicho a la multitud nada sobre esto en la Plaza Tahrir. Su lema es 'Mubarak debe irse ahora' y no 'Mubarak debe irse con honores dentro de varios meses y a continuación su sistema será mejorado ligeramente'. "
En el discurso de la noche pasada, Mubarak prometió marcharse después de las próximas elecciones y prometió una reforma constitucional, pero anunció que le gustaría quedarse hasta septiembre para supervisar el cambio. En su discurso del martes, Mubarak dijo que dedicaría su tiempo restante en el poder a garantizar una transición pacífica del poder a su sucesor (no ha mencionado a su hijo Gamal). Criticó las protestas y dijo que su prioridad era "restaurar la paz y la estabilidad". "Este es mi país. Aquí es donde viví, luché y defendí su tierra, su soberanía e intereses, y moriré en su suelo", dijo.
El discurso fue interpretado por los manifestantes como una provocación. Lejos de calmar las cosas arrojó de nuevo más gasolina al fuego. La reacción de los manifestantes a la declaración de Mubarak fue de incredulidad, primero, y a continuación, de indignación. "El discurso es inútil y sólo enciende nuestra ira", dijo un manifestante, Shadi Morkos, a Reuters. "Continuaremos la protesta". Se trata de una reacción universal.
Anoche, los manifestantes permanecieron acampados en la Plaza Tahrir diciendo que la promesa de Mubarak no era suficiente, y cantaban: "¡No nos iremos! ¡Él se irá!" Las masas no desean dar tiempo a Mubarak para que maniobre. Quieren que sea derrocado y sometido a juicio. En las manifestaciones de ayer se veían efigies suyas ahorcadas. Esto demuestra el ánimo real en las calles.
Todo el mundo sabe que fue él quien dio la orden de disparar a los manifestantes el viernes pasado. La televisión mostró al padre de un joven asesinado en una manifestación, llorando y gritando: "Están matando a nuestros hijos". Ahora, el régimen está atacando a personas desarmadas con la intención de asesinar. Gente desarmada está siendo golpeada, apedreada y gaseada en la Plaza Tahrir. Con este régimen no puede haber ninguna tregua, ni paz ni perdón.
Un precedente histórico Egipto está en las garras de una batalla titánica entre revolución y la contrarrevolución. Hasta este momento las manifestaciones habían sido totalmente pacíficas. Esto había imbuido a las masas de una falsa sensación de seguridad. Ahora se han disuelto todas las ilusiones. Las masas están recibiendo su bautismo de fuego. El plan de Mubarak es recuperar el control de la Plaza Tahrir y, por lo tanto, de tomar la iniciativa, que ha estado hasta ahora en manos de los revolucionarios. La lucha por el poder ha comenzado en serio.
Todo esto ha sido cuidadosamente preparado de antemano. Los manifestantes antigubernamentales están desarmados y no estaban preparados para el conflicto. Las fuerzas progubernamentales están armadas y han utilizado gases lacrimógenos, que han arrojado a las multitudes, incluidos los niños. Han entrado a la Plaza montados a caballo y en camellos. Con la ventaja de la sorpresa y la superioridad de sus armas y tácticas, mientras escribo estas líneas, los contrarrevolucionarios están obligando lentamente a retroceder a los revolucionarios. Han arrestado a manifestantes que, a continuación, son entregados al ejército. Su destino es desconocido.
En el contexto de estas acciones es evidente que el discurso de Mubarak de anoche fue parte integral de un plan para hacer retroceder la revolución paso a paso. Al prometer concesiones y proponer el ofrecimiento de permanecer hasta septiembre, tenía la esperanza de ganar el apoyo de los elementos vacilantes: las clases medias que temen inestabilidad y desean "orden"; la burguesía que teme una revolución como la peste y le gustaría que sus negocios retornaran a la normalidad; las capas atrasadas y políticamente inertes que no comprenden nada y gravitan alrededor de los grandes nombres, de los hombres fuertes y de cualquier que esté en el poder; las clases de criminales depravados y lumpenproletarios que venden su lealtad política al mejor postor. Estas son las reservas sociales de la contrarrevolución que ahora se están movilizando contra la revolución.
Existe un precedente histórico claro. El 17 de octubre de 1905 (30 de octubre en el nuevo calendario) en respuesta a la revolución rusa de 1905, el zar Nicolás II emitió el Manifiesto de Octubre. El régimen estaba en lo que parecía ser una situación imposible. Se enfrentó a un movimiento revolucionario colosal y a una huelga general. En muchas zonas los comités revolucionarios de los trabajadores (los Soviets) estaban tomando el control de la sociedad.
El manifiesto se comprometía a conceder las libertades civiles al pueblo: incluyendo la inmunidad personal, libertad de religión, libertad de expresión, libertad de reunión y libertad de asociación; y la convocación de un Parlamento, la Duma, elegido en sufragio universal masculino. Fue una gran victoria sobre el papel, pero en la práctica la democratización fue insignificante. El zar permaneció en el poder y ejerció el derecho de veto sobre la Duma, que disolvió varias veces.
El manifiesto fue un gigantesco fraude, así como las reformas prometidas por Mubarak, pero fue suficiente para comprar a una capa que previamente había apoyado la revolución. Los burgueses liberales inmediatamente la apoyaron, rompieron con la revolución e hicieron las paces con el zar. Deseaban "estabilidad", como lo deseaba una gran parte de las clases medias. Su defección preparó el camino para una reacción contrarrevolucionaria.
Al mismo tiempo, cuando el zar anunció sus reformas, desencadenó las "fuerzas oscuras" sobre las masas: el lumpenproletariado, la escoria de los barrios bajos, los pogromos antisemitas, para ahogar la revolución en la sangre. Mubarak intenta hacer lo mismo. En Rusia, los pogromos fueron organizados por la policía zarista. En el Cairo los ataques contrarrevolucionarios son organizados por la policía de civil, haciéndose pasar por "manifestantes pro-Mubarak".
Al mismo tiempo, mientras sus secuaces destrozan cráneos en la Plaza Tahrir, Mubarak ha anunciado que los bancos y tiendas se reabrirán el domingo, el primer día de trabajo después del fin de semana islámico. La intención es crear la impresión de un retorno a la normalidad. Pero la normalidad no volverá a Egipto durante mucho tiempo.
Washington preocupado En Washington se están poniendo cada vez más nerviosos. Mientras más tiempo se aferre Mubarak al poder, mayor será el riesgo de lo que ellos llaman "caos". Los últimos acontecimientos han confirmado sus peores temores. Egipto se puede deslizar hacia la guerra civil. Los estadounidenses no estarían demasiado preocupados por eso, pero el problema es que destruiría todos sus planes para una "transición administrada".
En una declaración realizada después del discurso de Mubarak, Obama dijo que Estados Unidos tendría mucho gusto en ofrecer asistencia a Egipto durante el proceso de transición. Modestamente, declaró que no era el derecho de su país dictar la ruta a Egipto, pero que cualquier transición debería incluir a las voces de la oposición y llevar a elecciones libres y justas: "Es mi creencia que una transición ordenada debe ser significativa, debe ser pacífica y debe comenzar ahora".
A pesar de las tranquilizadoras palabras de Obama acerca de no tener ningún derecho a elegir los líderes de otras naciones, me parece recordar que Washington tuvo algo que ver con la eliminación (y el juicio) de Slobodan Milosevic y, de alguna manera, también jugó un papel decisivo en la eliminación (y ejecución) de Saddam Hussein. También recordamos el entusiasmo con que los Estados Unidos proclamaron la política del "cambio de régimen" como la mejor manera de deshacerse de los dictadores y marcar el comienzo de la "democracia" (bajo control estadounidense).
Aquí la realidad cínica de la democracia burguesa se destaca con toda su desvergüenza. El imperialismo estadounidense siempre considera que es el derecho de su país eliminar a los líderes que son desobedientes y sustituirlos por dirigentes más flexibles. Con este fin, la "democracia" es tan buena excusa como cualquier otra. Pero cuando se trata de los regímenes que son amistosos con los intereses de Estados Unidos, al instante desaparecen todos los escrúpulos sobre democracia y los derechos humanos. El policía del mundo se ve afectado de repente por un ataque de legalidad escrupuloso: "no es el derecho de nuestro país dictar la ruta a Egipto" – ni, por supuesto, de Arabia Saudita, Jordania, Marruecos o cualquiera de los numerosos regímenes desagradables que son buenos amigos de Estados Unidos en el mundo.
Obama afirmó que le había dicho todo esto a Mubarak durante una llamada telefónica de 30 minutos. Sería interesante conocer el contenido preciso de esta conversación telefónica, pero nos imaginamos que no habrá sido muy cordial. Cuando el actual ocupante de la Casa Blanca dice que una transición ordenada "debe comenzar ahora", esto es aproximadamente lo que los estadounidenses se atrevieron a decirle a Mubarak: "¡Por amor de Dios, vete!"
Hay una razón muy buena por la que Obama no puede decirle Mubarak que se vaya, al menos en público. Los estadounidenses tienen que elegir sus palabras con sumo cuidado porque están siendo seguidas cuidadosamente por los gobernantes de Arabia Saudita, Jordania y Marruecos, que se sienten la tierra temblando debajo de sus pies. Simpson, una vez más, explica:
"La oferta del Presidente Mubarak de retirarse causará ondas de choque en todo el Oriente Medio. Hasta hace poco tiempo el régimen en Egipto parecía sólido como una roca.
"Ahora los gobiernos autocráticos desde África del Norte hasta Yemen, Siria y, tal vez incluso, Arabia Saudita buscarán maneras de aplacar el descontento en casa."
Las ondas de choque de Egipto siguen agitando a todos los países vecinos. Erdogan, el primer ministro de Turquía, fue el último en ofrecer asesoramiento amistoso al asediado Mubarak. En el tipo de enunciado oscuro que asociamos con la diplomacia otomana aconsejó a su amigo de El Cairo un "paso diferente". Se omite agregar el pequeño detalle de que era un paso sobre un acantilado muy empinado.
¿Qué pasa ahora? John Simpson agrega lo siguiente:
"En cada revolución, popular, o de otro tipo, llega un momento crítico en el que punto de inflexión decide el futuro. [...] El hecho es que todavía no estamos en el punto de inflexión. Pero lo sabremos cuando lo vemos".
De repente hay una respuesta a la pregunta básica: ¿son los manifestantes demasiado fuertes para la estructura del poder, o podrían ser derrotados por los gobernantes?
Continúa:
"Todas las revoluciones populares comparten ciertas similitudes básicas. La gran multitud, a menudo reunida por primera vez, cree que está obligada a ganar porque son muchos y su determinación es muy grande. Pero si la estructura política rehúsa dar la batalla por perdida y mantiene el apoyo del ejército y de la policía secreta, entonces puede sobrevivir. Todo depende de cuán fuerte y resistente sea la estructura del Gobierno".
Simpson compara la situación en Egipto con el derrocamiento de los regímenes estalinistas en Europa Oriental hace dos décadas. Hice la misma comparación en un artículo la semana pasada. Los paralelos son instructivos. Sobre el papel, estos regímenes parecían sólidos e inconmovibles. Poseían ejércitos poderosos, la policía y los servicios secretos. Pero en el momento de la verdad demostraron ser frágiles y poco resistentes.
El caso de Rusia en 1991 es aún más sorprendente. Los manifestantes que derribaron el viejo régimen eran pocos en número y estaban intranquilos esperando la reacción del Gobierno, pero el Gobierno fue aún más débil y colapsó sin luchar. Ahora vemos un fenómeno similar. En Europa oriental las masas se mantuvieron en manifestación permanente hasta que el viejo régimen simplemente cedió a la multitud. Eso es lo que estamos viendo ante nuestros ojos en Egipto. Pero hay una diferencia. Mubarak se niega a irse.
Las masas están en las calles en grandes cantidades, pero Mubarak ha desatado las fuerzas de la contrarrevolución contra ellas y el ejército se limita a mirar ¿Qué hacer? El pueblo ha interpretado correctamente que si una semana de manifestaciones ha empujado al Presidente hasta esta situación, entonces hay que incentivar toda acción para mantener la presión sobre él. El siguiente punto de inflamación será el viernes, cuando se llevará a cabo otra manifestación masiva después de las oraciones de los viernes. La palabra que va rondando ahora es que el siguiente paso será una marcha al palacio presidencial.
El pueblo exige justicia y venganza. Aquellos que son culpables de crímenes contra el pueblo deben ser entregados a los tribunales populares para responder por sus acciones. Esto es aplicable no sólo a la policía que dispara contra los manifestantes desarmados, sino también al hombre que dio las órdenes. La insurrección es la salida. A fin de tener éxito, el movimiento obrero debe desempeñar un papel clave.
Fueron las ondas largas de las huelgas y protestas obreras las que desempeñaron un papel clave en el debilitamiento del régimen y en la creación de este movimiento. Ahora, los trabajadores están formando sindicatos independientes. Tienen el poder para paralizar el país y también de organizar la economía. Se habla de trabajadores ferroviarios que se han negado a transportar tropas y fuerzas de seguridad que iban a ser utilizadas para la represión.
La convocatoria de una huelga general a nivel nacional es la única respuesta a la utilización de bandas de matones contra manifestantes desarmados. A fin de prepararse para esto y mantener el orden, hay que establecer en todas partes comités de lucha (los lugares de trabajo, barrios y cuarteles) y vincularlos a nivel local, regional y nacional. De esta manera, el pueblo revolucionario puede tomar el poder y elegir a sus propios representantes, no a los "líderes" autoproclamados o a personas puestas en ese lugar por el Embajador de Estados Unidos.
Lo que estamos viendo es una acción desesperada de la retaguardia del viejo régimen. El viejo orden es como un animal herido que se niega a morir y se defiende golpeando. El nuevo orden está luchando por nacer. El resultado de este conflicto de vida o muerte determinará el destino inmediato de la revolución. La revolución debe defenderse a sí misma. Debe armarse para resistir los ataques de los contrarrevolucionarios. Pero la mejor forma de defensa es el ataque. Es hora de que el movimiento vaya más allá de las manifestaciones masivas.
La única forma de matar a una serpiente es golpearla en la cabeza. La pasividad es la muerte de la revolución. El poder no cae en las manos como una manzana podrida. En lugar de permanecer en la Plaza Tahrir, las masas deben ir a la ofensiva, marchar al palacio presidencial y tomar el poder. Las masas revolucionarias deben confiar sólo en sus propias fuerzas. Es la única forma de salvar la revolución y de conseguir una victoria decisiva.
Fuente: http://www.marxist.com/egipto-al-borde-de-la-guerra-civil.htm

miércoles, 2 de febrero de 2011

¿nos importa nuestro planeta?

EL DIVINO PADRE JEHOVA NOS DICE EN LA CIENCIA CELESTE ALFA Y OMEGA SOBRE TODOS AQUELLOS QUE TUVIERON QUE VER CON LA CONTAMINACION DE LA NATURALEZA PERO SOBRE TODO NOS SEÑALA COMO RESPONSABLES A LOS GRANDES CONTAMINADORES DEL MUNDO Y ASESINOS DEL PLANETA: LAS TRANSNACIONALES PETROLERAS, LAS GRANDES MINERAS, LAS GRANDES FABRICAS INDUSTRIALES, ETC.
LEA CON ATENCION ESTE DIVINO TITULO ESCRITO POR ALFA Y OMEGA.
 
217.- En la prueba de la vida, surgieron muchos y extraños abusos; uno de ellos fué la extraña contaminación de la atmósfera respirable de las criaturas de la naturaleza; este extraño abuso lo pagan los dueños de fábricas, complejos industriales, dueños de automóviles, y todos aquéllos que tuvieron que ver con desperdicios enviados a la atmósfera; todos los culpables del envenenamiento de la atmósfera, ellos pagan todos los daños causados a la naturaleza; todos estos culpables serán llamados por el hijo de dios, asesinos del planeta; y muchedumbres jamás vistas, pedirán para ellos, la condenación; es más fácil que entren al Reino de los Cielos, los que en las pruebas de vidas de los lejanos planetas, a nadie envenenaron; a que puedan entrar, los que se tomaron tan extraño libertinaje.-
La Organización Meteorológica Mundial advierte de que las emisiones marcan el récord histórico de los últimos 10 mil años pese al parón económico
 
Los gases de efecto invernadero son inmunes a la crisis

Si la tibieza de los acuerdos adoptados en la cumbre del clima celebrada el pasado diciembre en Cancún pudiera transmitirse a la atmósfera, el calentamiento global sería un problema irrisorio. Por desgracia no es así, y ni siquiera el actual escenario de crisis económica logra hacer la menor mella en el aumento imparable de los gases de efecto invernadero, como atestiguan los últimos datos publicados por la Organización Meteorológica Mundial (OMM). La comunidad científica esperaba que la reducción de la actividad industrial, fruto de las dificultades económicas por las que pasan buena parte de los países desarrollados, facilitaría una disminución en las cantidades emitidas a la atmósfera de dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido de nitrógeno (N2O), los tres gases de origen antrópico más influyentes en el proceso de calentamiento global. En cambio, el último Boletín de Gases de Efecto Invernadero del organismo meteorológico de la ONU afirma que las concentraciones han llegado en 2009 último año estudiado a sus niveles más altos de los últimos 10.000 años, en un incremento sostenido que coincide con el comienzo de la época preindustrial, es decir, mediados del siglo XVIII.
"La concentración habría sido mucho mayor si no se hubiesen tomado las acciones internacionales para reducirlos", afirma Michel Jarraud, secretario general de la OMM. Para Len Barrie, director del Departamento de Investigación de este organismo, existe un problema añadido: "Los gases de efecto invernadero, como el CO2, tienen una vida muy larga, y aunque frenásemos su emisión hoy mismo, permanecerían en la atmósfera durante décadas, haciendo que prosiguiera el calentamiento".
Un vínculo indudable
La similitud entre el ritmo de crecimiento del CO2 en la atmósfera y la subida de temperaturas a escala global fue una de las razones para que, en el informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) publicado en el año 2007, se estableciera como "muy probable" más del 90% que los gases de efecto invernadero fueran los responsables del calentamiento global. Según Barrie, sus efectos "ya se aprecian, por ejemplo, en el deshielo del Ártico, la subida del nivel del mar, los cambios en la intensidad de las sequías o las inundaciones causadas por tormentas".
La pasada semana, científicos australianos sugerían que el cambio climático puede influir en la aparición de episodios inusualmente intensos del fenómeno de La Niña, provocando lluvias torrenciales como las que han inundado parte de aquel país en fechas recientes.
Los últimos datos suministrados por la OMM establecen que el año 2010 está entre los tres más cálidos desde 1850, cuando se iniciaron las observaciones meteorológicas instrumentales, después de 1998 y 2005. Los datos más recientes de la agencia climática de EEUU sitúan 2010 en el podio del año más cálido, junto a 2005. Además, la pasada década se convertirá en el periodo de diez años con temperaturas más altas. Entre las incidencias meteorológicas más importantes de este año destacan el tercer mínimo histórico de superficie de hielo en el Ártico, las peores inundaciones de la historia en Pakistán, el verano tórrido en Rusia o la tercera temporada de huracanes más intensa en el Atlántico, con 19 tormentas tropicales, además de las tierras anegadas en Australia.
España reduce sus emisiones
En España, la emisión de gases de efecto invernadero disminuyó en 2009 un 8,2% respecto al año anterior, aunque los compromisos adquiridos en el Protocolo de Montreal siguen lejos. El incremento respecto a las emisiones del año 1990 es de un 28,5%, cuando no deberíamos sobrepasar el 15%. Según las proyecciones realizadas por el ministerio de Medio Ambiente y la oficina de Cambio Climático, en 2010 se produjo una reducción "muy significativa", cercana al 6% o al 8%.
Detrás de estos descensos están el menor consumo de gasóleo y gasolina fruto de la reducción en la actividad industrial y un menor uso de carbón para producir electricidad. A fecha 31 de octubre, las emisiones del sector eléctrico habían bajado más de un 14% respecto a 2009, y las de transporte (a fecha de agosto) un 1,5% respecto al año anterior.
El dióxido de carbono es el gas que más efecto invernadero provoca después del vapor de agua en la atmósfera de la Tierra. Pese a que los seres vivos lo expulsan a través de la respiración, la diferencia entre un ciclo natural autorregulado y el crecimiento incontrolado de este gas radica en el origen antrópico por la quema de combustibles fósiles, la deforestación o los cambios en el uso del suelo. Las mediciones continuas realizadas desde 1958 han permitido especificar que el 55% del aumento de la concentración de CO2 responde a la quema de carbón, petróleo y gas natural.
La característica más importante del CO2 es que es responsable del 63% del forzamiento radiativo aumento neto de la cantidad de energía que retiene la Tierra y que provoca un calentamiento de la superficie que se ha producido durante la última década.
El segundo actor en el efecto invernadero es el metano. Su contribución al calentamiento global es menor que la del CO2, pero aún así es responsable en un 18% del forzamiento radiativo que se produce en la atmósfera. Desde principios de la década de los 80 y hasta el año 2006, la concentración de metano había disminuido progresivamente, pero desde 2007 ha vuelto a aumentar.
Existen dos causas para justificar este cambio de tendencia: las precipitaciones por encima de lo normal que se produjeron en 2007 en latitudes tropicales fruto del fenómeno de La Niña y las altas temperaturas que afectaron en el mismo año a las regiones más frías, cercanas a las latitudes polares. Allí, la descongelación del suelo helado facilita una liberación del metano generado por la descomposición de la materia orgánica y que queda atrapado en el hielo.
Emisiones humanas que no dejan de crecer
38% dióxido de carbono
Antes del inicio de la época industrial y durante los últimos 10.000 años, la concentración de CO2 en la atmósfera era de unas 200 partes por millón (ppm, 200 moléculas de CO2 por cada millón de moléculas de aire seco), pero a día de hoy ha subido hasta las 386,8 ppm, un 38% más. Son cifras fruto de la emisión, por ejemplo, de 8.700 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera en el año 2008. Es verdad que el incremento durante la última década se ha ralentizado, pero aún así, durante 2009 se incrementó en 1,6 ppm.
158% metano
La concentración de metano antes de la era industrial rondaba las 700 ppb. Desde entonces, se ha producido un incremento del 158%, acercándose en 2009 hasta las 1.803, cinco más que el año anterior. Los científicos calculan que un 60% corresponde a actividades humanas. La fuentes de estas emisiones antrópicas son los animales rumiantes, los cultivos de arroz, los combustibles fósiles y la quema de biomasa.
19% óxido de nitrógeno
Además de vapor de agua, dióxido de carbono y metano, otros gases también contribuyen al calentamiento global. El óxido de nitrógeno aporta algo más del 6% de forzamiento radiativo, con un crecimiento de un 19% respecto a la era preindustrial. Proviene del uso de fertilizantes, de la quema de biomasa y de varios procesos industriales, aunque también lo emiten los océanos y el suelo.
Fuente: http://www.publico.es/ciencias/356558/los-gases-de-efecto-invernadero-son-inmunes-a-la-crisis

Hipocresía estadounidense en Oriente Próximo

DICE EL PADRE ETERNO EN LA DIVINA CIENCIA CELESTE ALFA Y OMEGA.
 
974.- La nación llamada estados unidos de norteamérica, salida del extraño sistema de vida del oro, es la cabeza de la bestia; esta extraña nación, es la corruptora número uno del mundo; con su extraño libertinaje, ilusionó al mundo; esta extraña bestia, conocerá el fuego viviente del Hijo Solar Cristo; conocerá la ira terrible del divino Padre Jehova; manifestada en el enojo de los elementos vivientes de la naturaleza; este rebaño soberbio cayó en la misma ley de Sodoma y Gomorra; porque la riqueza los corrompió; esta nación será aislada por el resto del mundo; tal como ella aisló a otros; con la misma vara conque midió a otros, será medida también ella.-
 
Las cosas tienen que cambiar para que sigan siendo igual

La hipocresía del gobierno de EE.UU. se ha demostrado una vez más con toda su fuerza. El gobierno de EE.UU. invadió Iraq y Afganistán, arrasó gran parte de esos países, incluidas aldeas enteras y ciudades, y masacró innumerables cantidades de civiles para “llevar la democracia” a Iraq y Afganistán. Ahora, después de que los egipcios han estado días enteros en las calles exigiendo que “Mubarak se vaya”, el gobierno de EE.UU. se mantiene alineado con su gobernante títere egipcio, sugiriendo incluso que Mubarak, después de dirigir un Estado policial durante tres décadas, es la persona apropiada para implementar la democracia en Egipto.
El 30 de enero, la secretaria de Estado de EE.UU. Hillary Clinton, declaró que el EE.UU. de la “libertad y la democracia” no busca ni apoya el derrocamiento del dictador egipcio. El primer ministro israelí Netanyahu dijo a EE.UU. y Europa que hay que limitar las críticas contra Mubarak a fin “de preservar la estabilidad en la región”.
Cuando dice “estabilidad” Netanyahu quiere decir la ilimitada capacidad de Israel de seguir oprimiendo a los palestinos y robando su país. Mubarak ha sido durante tres décadas el bien remunerado agente de EE.UU. e Israel, aislando Gaza del resto del mundo e impidiendo que la ayuda fluya a través de la frontera egipcia. Mubarak y su familia se han convertido en multimillonarios gracias al contribuyente estadounidense, y el gobierno de EE.UU., republicanos y demócratas por igual, no quieren perder su considerable inversión en Mubarak.
El gobierno ha corrompido desde hace tiempo a gobiernos árabes pagando a gobernantes instalados por EE.UU. para que representen los intereses estadounidenses e israelíes en lugar de los intereses de los pueblos árabes. Los árabes aguantaron la opresión financiada por EE.UU. durante muchos años, pero ahora muestran señales de rebelión.
El asesino dictador de Túnez, instalado por EE.UU., fue derrocado por la gente que salió a las calles. La rebelión se ha extendido a Egipto y también hay protestas callejeras contra los gobernantes apoyados por EE.UU. en Yemen y en Jordania.
Estos levantamientos podrán tener éxito en el derrocamiento de gobernantes títeres, ¿pero será el resultado algo más que el cambio de un gobernante títere de EE.UU. por otro nuevo? Mubarak se podrá ir, pero quienquiera que ocupe su lugar probablemente portará el mismo arnés estadounidense.
Lo que hacen los dictadores es eliminar el liderazgo alternativo. Los dirigentes potenciales son asesinados, exiliados, o encarcelados. Además, todo lo que no sea una revolución genuina, como la iraní, deja en su lugar a una burocracia acostumbrada a que las cosas sigan como siempre. Además, Egipto y los militares de ese país se han acostumbrado al apoyo estadounidense y querrán que el dinero siga fluyendo. El flujo de ese dinero es lo que asegura la compra del gobierno de reemplazo.
Como el dólar de EE.UU. es la moneda de reserva del mundo, el gobierno estadounidense tiene el dominio financiero y la capacidad de aislar a otros países, como Irán, en el aspecto económico. Para liberarse del control de EE.UU. tendría que suceder una de dos cosas. La revolución tendría que extenderse por el mundo árabe y resultar en una unidad económica que fomente el desarrollo económico indígena, o el dólar de EE.UU. tiene que fracasar como moneda de reserva mundial.
La falta de unidad árabe ha sido desde hace tiempo el medio por el cual los países occidentales han dominado Medio Oriente. Sin esa desunión, Israel y EE.UU. no podrían abusar a los palestinos de la forma en que lo vienen haciendo desde hace décadas, y sin esa desunión EE.UU. no podría haber invadido Iraq. Es poco probable que los árabes se unan repentinamente.
El colapso del dólar es más probable. Por cierto, la política del gobierno de EE.UU. de maximizar los déficit presupuestario y comercial y la política de la Reserva Federal de monetizar el déficit presupuestario y los activos fraudulentos de los grandes bancos en papel, hacen que el dólar se dirija hacia su desaparición.
A medida que crece el suministro de dólares, su valor disminuye. Tal vez no esté lejano el día en el que los gobernantes dejen de vender a sus pueblos por dinero estadounidense.
Paul Craig Roberts fue editor del Wall Street Journal y secretario adjunto del Tesoro en el gobierno de Ronald Reagan. Su último libro, How the Economy Was Lost, fue publicado recientemente por CounterPunch/AK Press. Se puede contactar con él en: paulcraigroberts@yahoo.com
Fuente: http://www.counterpunch.org/roberts02012011.html

 

Sobre la "Transición" en Túnez y Egipto

Viendo lo que está pasando en Egipto uno tiene la sensación del déjà vu en Túnez. Mártires que se queman a lo bonzo; protestas por todo el país; intervención asesina de la policía sobre todo en las ciudades de provincias; extensión de las protestas a la capital; carteles de los dictadores arrancados; censura; mensajes tranquilizadores de los dictadores; dimisión de miembros del  gobierno; recrudecimiento de las manifestaciones; retirada de la policía; bandas de sospechosos saqueadores; jóvenes que defienden sus barrios de los saqueos; intervención del ejército; acogida calurosa de los manifestantes al ejército.
Túnez y Egipto corren parejos. A este proceso la Secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, lo llama “Transición”. Empleó por primera vez el término refiriéndose a Túnez en su comunicado de prensa del 14 de enero. Lo volvió a emplear en la rueda de prensa que mantuvo con la ministra de Exteriores española otra vez para referirse a Túnez. Anteayer reiteró el concepto al referirse a Egipto. También lo empleó Richard Holbrooke a propósito de Afganistán: “No tenemos una estrategia para la salida, sino una estrategia de transición”. Es evidente que algo ha cambiado en la actitud de los EE.UU hacia los países que asoman al Mediterráneo (también se advierten sacudidas en Albania) y en otros países árabes. Cuando la fuerza de los dictadores designados por el Imperio ya no garantiza el dominio del territorio, entonces los EE.UU recurren a "transiciones". Que nos lo digan a los españoles, o a los chilenos, o a los argentinos.
En el caso en cuestión hay un asunto demográfico que se ha escapado del control del Imperio, obsesionado por mantener el statu quo en la zona. Hasta lo de Túnez, la política estadounidense no veía mucho más allá de la garantía de las relaciones con Israel y el control de las negociaciones de paz. El 13 de enero, en el Fórum para el Futuro de Doha, hasta la Clinton reconocía el estallido social en el mundo árabe: “Por ejemplo, la mayoría creciente de la población de esta región está por debajo de los 30 años. De hecho está previsto que en un país, Yemen, la población se doble en 30 años”. Y se acordaba de Santa Bárbara limpiándose las manos: “Aquellos [líderes de la zona] que se aferren al statu quo acaso puedan dar respesta al impacto de los problemas de sus países durante un tiempo, pero no para siempre […]”. En la II Cumbre Económica Árabe, celebrada en Sharm el Sheij justo después de estallar la revuelta en Túnez, los jefes de Estado de las 22 naciones árabes prefirieron priorizar el impulso a un programa de dos mil millones de dólares para apoyar a las economías más débiles y evitar protestas callejeras contra el desempleo, el alza de precios y la corrupción. Esa generosidad póstuma no sólo no tranquilizó a nadie sino que dio buena muestra de cuánto temblaban los regímenes hasta entonces indiscutibles.
Da la sensación de que los EE.UU y Europa llegan tarde a esta cita con la historia y que este intento de domarla mediante un proceso gobernado desde arriba manu militari no es tan sencillo. Tony Blair expresa bien el objetivo último de este proceso (y la dificultad de alcanzarlo ahora): "Hay que gestionar el proceso de tal modo que tengan verdadera democracia, pero siempre que la relación entre israelíes y palestinos no se vea afectada, sino mejorada". El Imperio ha estado ciego por el peligro del islamismo, ha abrazado el conflicto de civilizaciones y ha perdido de vista la explosión demográfica. Según datos de este año, el 52% de los egipcios tiene menos de 25 años; y uno de cada cinco tiene edades comprendidas entre los 15 y los 24 (son 17 millones según UN Population Division). Un  dato más sobre la desesperación en que vive la juventud egipcia: en 2010 hubo 104.000 intentos de suicidio, el 67% de los cuales los protagonizaron jóvenes de edades comprendidas entre 19 y 25 años. Ante la falta de expectativas, a los jóvenes de las riberas sur y este del Mediterráneo les atrae con fuerza la inmigración, el sueño de Europa para salir de su pesadilla cotidiana. Para estos jóvenes, “quemar la frontera era un acto político, de ruptura contra las restricciones de la libertad de circulación impuestas por Europa [...]” (1). El que esa frontera sur se cerrara, el que se esté construyendo un muro en la frontera greco-turca es, en la misma medida, un acto político, sólo que sucede en sentido opuesto. Cuántos políticos europeos están cabalgando la idea de la invasión de inmigrantes para ganar consenso. El último ha sido David Cameron: "El boom de la inmigración hizo que nuestra economía naufragara". Europa, con gran cortedad de miras, sólo ha pensado en frenar la presión migratoria sellando fronteras, y ahora esos pueblos oprimidos han estallado. Un hecho de estos días deja claro hasta dónde llegan la cerrazón y la hipocresía europeas: el pasado 27 de enero dimitió Ahmad Masa'deh, Secretario de la Unión por el Mediterráneo, tras un año en el cargo, y lo hizo por falta de financiación para el proyecto: pidieron 14,5 millones de euros para funcionar, pero sólo les otorgaron 6,2 millones. Amén de la excusa de la financiación, este proyecto fracasa también porque, aunque su misión era promover inversiones, no ha conseguido nada y los países árabes están cansados de prospectivas. Las inversiones directas de compañías europeas en países de la orilla sur del Mediterráneo suman poco más del 2% de las inversiones europeas en el mundo (2). La Cumbre de Barcelona fue anulada dos veces. Por no financiar, la Unión Europea ya no financia ni las apariencias con los vecinos. Desde que Catherine Ashton, Alta Representante de la UE para Exteriores, asumió su cargo, la UE nunca habla antes que lo hagan los EE.UU o Israel. No es de extrañar que en la reunión de ministros de Asuntos Exteriores del lunes apareciera como por arte de magia el concepto de "Transición ordenada".
Si esta idea es la misma para la Clinton que para el Jerusalem Post, que apuesta por Solimán por ser “capaz de mantener el orden mientras se apuntan cambios graduales”, es probable que no tardemos en ver editoriales como aquel vergonzoso “Mubarak manda” de 1995 en que, después de 12 muertos durante unas elecciones, se elogiaba a "uno de los aliados más fieles de Occidente", que intentaba al menos “mostrar avances en la construcción de una democracia laica y pluralista bajo la autoritaria dirección de Hosni Mubarak”.
Mucho depende de cómo reaccione estos días el ejército egipcio. Más aún de cómo siga reaccionando el pueblo egipcio, que de momento sigue entusiasmado al ver tambalearse al dictador. Sin embargo, después de leer las últimas crónicas desde Túnez de Jacopo Granci (en italiano) o, mejor, las de Alma Allende, da la impresión de que estadounidenses, israelíes, europeos y los viejos secuaces de los regímenes quieren que el pueblo "transite ordenadamente" por la historia hasta alcanzar ese purgatorio democrático donde el mercado se ocupa -si le dejamos- de tareas que hacían antaño los dictadores. Pero no caigamos en el derrotismo. Mucho se ha ganado ya. No podrán borrar el aliento de libertad de estos días.

lunes, 31 de enero de 2011

¡Por el triunfo de las Revoluciones tunecina y egipcia! ¡Que nadie se apropie de esta victoria!

REVELA EN EL DIVINO PADRE ETERNO EN LA DOCTRINA ALFA Y OMEGA.

920.- Entre la divina Revelación y las revoluciones del mundo, exsiste ley común; Revelación, significa revolución en el Reino de los Cielos; porque lo de arriba es igual a lo de abajo; la Revelación o divina escritura telepática, unificará al mundo de la fé, al Tercer Mundo; mundo de la Trinidad, en la propia espíritualidad; la divina parábola que fué dada al mundo, hace ya muchos siglos, que dice: Todo humilde es primero, delante de dios; significa que todas las naciones llamadas sub-desarrolladas, surgidas del extraño y desconocido sistema de vida, salido de las leyes del oro, se unificarán formando una sola potencia; ciento ocho países inician el más formidable poder, que se haya conocido en este mundo; ni antes, ni ahora, ni en lo futuro, se verá cosa igual; toda nación rica salida del extraño sistema de vida del oro, quedarán en la más grande pobreza; el divino Creador dá y quita en todo lo imaginable; los que más tuvieron en la prueba de la vida, son juzjados por sus propios y extraños procederes; con la vara que midieron a otros, son ellos medidos; hicieron sentir la pobreza a otros por siglos, ahora ellos vivirán la pobreza en carne propia; porque no imitaron a la divina igualdad, enseñada por el Padre, en su divino evangelio; con las llamadas naciones ricas, se inicia en este mundo, una época que fué anunciada, como el llorar y crujir de dientes.-
“Derroquemos a los dictadores y sus dictaduras”
La Revolución continúa en Túnez, y se extiende a Egipto, los ciudadanos y ciudadanas siguen en las calles reivindicando un verdadero gobierno del pueblo y para el pueblo donde no tengan cabida los esbirros del régimen.
El pasado día 14 de enero, después de un mes de revueltas cada vez más fuertes en todo el país, el dictador Ben Alí tuvo que rendirse ante las evidencias: el pueblo tunecino no iba a echarse atrás a pesar de la represión, los disparos, las detenciones, la tortura. Veintitrés años son suficientes, ya era demasiada la indignación. Por eso, cuando esa misma noche el dictador declaró en televisión que se había equivocado, que se disculpaba y que prometía no presentarse a las elecciones de 2014, el pueblo salió a la calle con más rabia y más valor que nunca. Durante años el pueblo tunecino lo ha ido perdiendo todo: desde el empleo y la libertad de expresión, hasta la dignidad. Y sólo cuando comprendieron que ya no tenían nada que perder, perdieron de repente lo último que les quedaba: el miedo. A partir de ese momento el pueblo tunecino sólo tuvo cosas que ganar. Por eso, esa noche, miles de personas rompieron el toque de queda, exigiendo la marcha del dictador bajo una lluvia de balas. A la mañana siguiente, la llamada de la UGTT a la huelga general fue un rotundo éxito, y la manifestación pacífica convocada por la mañana reunió en el centro de la capital a decenas de miles de personas. Pocas horas después, el dictador, ante el definitivo fracaso de su estrategia, ordenó a la policía disparar sobre la multitud. Los y las manifestantes se vieron obligados/as a refugiarse en las casas vecinas, mientras que las fuerzas represoras detenían, torturaban, violaban y asesinaban indiscriminadamente a los que no conseguían escapar. A pesar de todo, el pueblo no cedió en su determinación de derrocar al régimen, y esa misma tarde se confirmó la esperada huida de Ben Ali del país. Su lugar se vio inmediatamente ocupado por su primer ministro, prueba de que su partida era solo provisional y de que las cosas en absoluto habían cambiado. Esa misma noche las calles se llenaron una vez más de manifestantes pidiendo su destitución y la aplicación del artículo correcto de la Constitución que, en caso de «situación vacante de la Presidencia de la República por muerte, dimisión o impedimento absoluto», obliga al Consejo a nombrar al presidente del Parlamento como presidente interino del país. Y lo consiguieron. Dos “presidentes” en 24 horas, dos victorias en un día. Pero cuando vieron que el gobierno provisional formado por el parlamento era sólo una fachada de transición democrática, donde los ministerios de más relevancia eran ocupados por miembros del antiguo régimen, esbirros de la dictadura que les había reprimido y silenciado durante tantos años, decidieron, una vez más, no darse por vencidos/as. Por eso ya hace más de una semana que el pueblo de Túnez sigue concentrándose en las calles y en las plazas, cada vez más numerosos, cada vez más radicales. Ya no sólo piden pan: piden dignidad. Ya no sólo piden libertad de expresión: piden poder para el pueblo. Los barrios se organizan en comités populares, los obreros y obreras ponen a sus patrones en las calles y toman el control de las fábricas y empresas, los sindicatos convocan huelgas indefinidas, los y las estudiantes se lanzan a las calles. Desde las zonas rurales, las más empobrecidas, miles de hombres y mujeres están llegando a la capital para seguir manifestándose contra un gobierno ilegítimo, el residuo podrido de la dictadura.
El pueblo tunecino no habla de cambio, es una palabra que no les suena demasiado bien: así llamaba el dictador derrocado al Golpe de Estado con el que tomó el poder en 1987. El pueblo tunecino habla de democracia, en el sentido más puro y original de la palabra. Habla de Revolución, con todo lo que eso conlleva.
Y mientras los medios de comunicación tratan de convencernos de que en Túnez la democracia ha triunfado, de que reina la libertad de expresión y de que ya está todo hecho en un país que durante dos décadas hemos ignorado, los tunecinos y las tunecinas no callan. Mientras Obama y Merkel felicitan al pueblo tunecino por su valor, ese mismo pueblo se niega a llorar a sus mártires mientras no se realice lo que tantos piden desde hace tanto tiempo. La burguesía afrancesada se da por satisfecha con la nueva y relativa libertad de expresión y con los cambios prometidos por el gobierno provisional; l@s obrer@s, l@s campesin@s, l@s estudiantes parad@s y precari@s, l@s trabajador@s de las zonas rurales, l@s sindicalistas, l@s militantes de izquierdas y de los partidos ilegalizados por el régimen, mayores víctimas de la dictadura, verdaderos artífices de esta Revolución, duermen desde hace noches en las plazas y permanecen todo el día en las calles para seguir gritando reivindicaciones que aún no han sido respondidas. Lo dicen ellos/as mismos, que han demostrado en estos días ser los/as más radicales y conscientes a pesar de su aparente falta de educación política: la Revolución no se hace en un día, es un proceso largo y no podemos perder ni un solo minuto, porque nos arrebatarán esta victoria que tanta sangre nos ha costado y en la que aún queda tanto que ganar. Túnez no se rinde. Porque la lucha se ha librado en las calles, y en las calles se celebrará la victoria, antes que en Internet. Y ahora más que nunca es el momento de seguir luchando, porque aunque hemos ganado la batalla, aún están a tiempo de ganarnos la guerra.
Unos días después de la revolución tunecina se ha desencadenado otra revuelta popular en Egipto, que está desafiando la tiranía del dictador Mubarak, cuya reacción ha sido la de sacar los tanques a la calle. El pueblo egipcio está emulando al tunecino y ha perdido el miedo: quieren el fin de la dictadura y la salida del tirano del país. La solidaridad con el pueblo egipcio es también muy necesaria en estos momentos. En otros países ( Yemen, Argelia,…) también están produciéndose movilizaciones fuertes, que pueden transformarse en revueltas en los próximos días.
Por lo tanto, ante las noticias falsas o incompletas que nos dan los medios de comunicación, frente a los que creen que esto ya ha terminado y que no queda nada por hacer, frente a los que piensan que los pueblos que piden, y siguen pidiendo, “dignidad, trabajo y libertad” se van a dar por satisfechos con máscaras de democracia avaladas por los Estados Unidos y una libertad de charanga y pandereta:
Demostremos nuestro apoyo al pueblo tunecino y egipcio y al resto de países árabes que se están levantando y a sus Revoluciones, ¡acudamos todas a la concentración en Sol el día 2 de febrero a las 19h! Las dictaduras siguen impunes, ¡la lucha continúa!
Convocan: Ecologistas en Acción, Izquierda Anticapitalista, Cristian@s de Base, En Lucha, ATTAC, Sodepau-Catalunya, Casapueblos, Solidaridad Obrera, Corriente Roja,Co.Bas , Izquierda Castellana, Plataforma de Apoyo Político al Pueblo Saharaui, CGT, Comité de Solidaridad con el África Negra UMOYA, Fundación Hijos del Máiz, Vía Democrática, Asoc. Marroquí de Derechos Humanos-Madrid, Asamblea Social de Rivas, AAVV La Flor,

Una vaca bien sagrada. ¿Por qué el gasto militar es intocable?

DICE EL DIVINO PADRE JEHOVA EN LA DOCTRINA DEL CORDERO DE DIOS ALFA Y OMEGA, EN EL DIVINO TITULO N°:
751.- El hambre que padeció el mundo de la prueba, tuvo dos causas; la primera fué la excesiva ambición de los creadores, del extraño capitalismo; la segunda el inmoral gasto en armamentos; en ambas causas, lo pagan los culpables; es así que tres cuartas partes del divino juicio, recae en financistas y militares; el camino de la felicidad, no estaba en escoger la ambición ni en escoger la desconfianza; la prueba de la vida consistía en no equivocarse.-
En los círculos de la defensa, "recortar" el presupuesto del Pentágono ha vuelto a ser un tema de conversación. El país no debe confundir esa cháchara con la realidad. Cualquier recorte que se haga, a lo más, reduciría la tasa de crecimiento del gasto. Los hechos esenciales son: los gastos militares de EE.UU. hoy en día son iguales a los de todas las otras naciones del mundo juntas, una situación sin precedentes en la historia moderna.
El Pentágono gasta actualmente más en dólares constantes de lo que en ningún momento durante la Guerra Fría – esto a pesar de la ausencia de cualquier cosa que se aproxime remotamente a lo que los expertos de seguridad nacional llaman “competidor par”. ¿El Imperio del Mal? Existe sólo existe en la imaginación febril de aquellos que tiemblan ante la perspectiva de que China sume un oxidado portaaviones de ruso a su flota o los que toman en serio los delirios de los islamistas radicales que prometen, desde el fondo de sus cuevas, unir a la Umma en un nuevo califato.
¿Que qué están comprando los estadounidenses? Lamentablemente, no mucho. A pesar de los exorbitantes gastos (por no hablar de los esfuerzos y sacrificios de las tropas estadounidenses), el retorno sobre su inversión es, por decirlo suavemente, poco impresionante. La lección principal que surge de los campos de batalla de la era post-11S es la siguiente: el Pentágono simplemente no llega a traducir su "supremacía militar" en una victoria que valga la pena mencionar.
Washington sabe cómo se inician las guerras y la manera de prolongarlas, pero no tiene ni la menor idea de cómo acabarlas. Irak, la última adición a la lista de las guerras olvidadas de Estados Unidos, se presenta como la Prueba A. Cada bomba que explota en Bagdad o en alguna ciudad iraquí, salpicando sangre por toda la calle, pone de manifiesto lo absurdo que es juzgar "la oleada" como la hazaña épica que celebra el lobby Petraeus.
Los problemas son de carácter estratégico y operacional. Las expectativas de la Guerra Fría, de proyectar el poder de los EE.UU. para aumentar la influencia y la posición estadounidenses, ya no es aplicable, sobre todo en el mundo islámico. Allí, las actividades militares estadounidenses están, por el contrario, fomentando la inestabilidad y el anti-americanismo. Como Prueba B, basta ver la ciénaga profunda en que se ha convertido lo que Washington denomina AfPak – el teatro de operaciones militares afgano-pakistaní.
Sume a eso la montaña de pruebas que demuestran que Pentágono, Inc. es una empresa pésimamente gestionada: absolutamente obstinada, hinchada, lenta y propensa al despilfarro en una escala prodigiosa – especialmente en temas de adquisición de armas y tercerización a "contratistas" de funciones anteriormente militares. En lo que respecta a la seguridad nacional, como principal criterio de decisión, la eficacia (lo que funciona) siempre debe prevalecer sobre la eficiencia (pero, ¿a qué precio?). Sin embargo, más allá de cierto nivel, la ineficiencia socava la eficacia, y el Pentágono es notable en exceder ese nivel. En comparación, las muy vilipendiadas Tres Grandes de Detroit (Ford, General Motors y Chrysler) son prototipos de empresas bien administradas.
Defensas inexpugnables
Todo esto ocurre en un contexto de crecientes problemas domésticos: el alto desempleo, un billón de dólares de déficit federal, la gigantesca deuda, que sigue creciendo, y déficits en educación, infraestructura y empleo, todos claman atención.
Sin embargo, el presupuesto de defensa - nombre inapropiado, ya que para el Pentágono, Inc. la defensa, per se, es irrelevante – el presupuesto sigue siendo una vaca sagrada. ¿Por qué?
La respuesta reside en entender las defensas alrededor de esa vaca, que se aseguran de que permanezca intacta e intocable. Ejemplificando lo que a los militares les gusta llamar "defensa en profundidad", ese escudo consiste en cuatro barreras distintas, pero que se protegen mutuamente.
Egoísmo institucional : La victoria en la Segunda Guerra Mundial no produjo paz, pero una atmósfera de crisis de seguridad nacional permanente. Como nunca antes en la historia de los EE.UU., las amenazas a la existencia de la nación parecían omnipresentes, una actitud que emergió a finales de la década de 1940 y que aún persiste. En Washington, el miedo - en parte real, en parte artificial - desencadenó una poderosa respuesta.
Una de las consecuencias fue el surgimiento del estado de la seguridad nacional, una serie de instituciones que dependen de (y por lo tanto se esforzaron para perpetuar) esta atmósfera de crisis y, así, justificar su existencia, su estatus, sus prerrogativas y sus presupuestos. Además, surgió una industria armamentística permanente, que pronto se convirtió en una importante fuente de empleo y de ganancias corporativas. Los políticos de ambos partidos se apresuraron a identificar las ventajas de la adaptación a este "complejo militar-industrial", tal como lo describió el Presidente Eisenhower.
Aliado a este vasto aparato –que transforma dólares en créditos fiscales, beneficios empresariales, contribuciones de campaña y votos (y alimentándose de él)– había un eje de seudo intelectuales - los ‘laboratorios’, apoyados por el gobierno, los institutos universitarios de investigación, las publicaciones, los grupos de reflexión, y los lobbys de la industria (muchos de ellos integrados por altos ex–funcionarios de gobierno) - dedicado a la identificación (o a la creación) de ostensibles amenazas a la seguridad nacional, siempre supuestamente graves y siempre empeorando, para luego elaborar respuestas a las mismas.
El resultado: en Washington, las voces de peso en todos los ‘debates’ sobre la seguridad nacional comparten una predisposición para el sostenimiento de elevadísimos niveles de gasto militar, por razones que tienen cada vez menos que ver con el bienestar del país.
Inercia estratégica: En un documento de 1948 del Departamento de Estado, el diplomático George F. Kennan hacía la siguiente observación: "Tenemos alrededor de 50 por ciento de la riqueza del mundo, pero sólo el 6,3 por ciento de su población." El desafío que enfrentan los políticos estadounidenses, continuaba, es "diseñar un modelo de relaciones que nos permita mantener esta disparidad". Aquí tenemos una descripción de los propósitos de los Estados Unidos que es mucho más sincera que toda la retórica sobre la promoción de la libertad y la democracia, la búsqueda de la paz mundial, o el ejercicio de un liderazgo global.
El fin de la Segunda Guerra Mundial encontró a los Estados Unidos en una posición de privilegio espectacular. No en vano, los estadounidenses recuerdan la época inmediata de posguerra como una Edad de Oro de prosperidad para la clase media. Los políticos, desde la época de Kennan, han tratado de conservar esa posición privilegiada. Sin embargo, sus esfuerzos han sido, en gran parte, inútiles.
Luego, en 1950, los políticos (con Kennan, para entonces, convertido en un notable disidente) llegaron a la conclusión de que la posesión y el despliegue del poder militar era la clave para preservar el estado de exaltación de los Estados Unidos. La presencia de las fuerzas de los EE.UU. en el extranjero y su demostrada voluntad de intervenir, ya sea abierta o encubiertamente, en cualquier lugar del planeta promoverían la estabilidad, garantizarían el acceso de los EE.UU. a los mercados y los recursos, y, en general, servirían para aumentar la influencia del país ante amigos y enemigos - esa era la idea, en todo caso.
En la Europa y el Japón de posguerra, esta fórmula logró considerables éxitos. En otras lugares - especialmente en Corea, Vietnam, América Latina, y (sobre todo después de 1980) en el llamado Gran Oriente Medio - o bien produjo resultados mixtos o fracasó catastróficamente. Ciertamente que los acontecimientos de la era post-11S brindan pocas razones para creer que ese paradigma de presencia/proyección de poder sirve de antídoto ante la amenaza que representa el yihadismo violento anti-occidente. En todo caso, la obstinación con dicho paradigma está exacerbando el problema al crear aún más animosidad anti-estadounidense.
Uno podría pensar que las manifiestas deficiencias del enfoque de presencia/proyección de poder – los miles de millones gastados en Irak, y ¿para qué? – podrían llevar a Washington a cuestionarse sobre su estrategia de seguridad nacional. Podría parecer que un poco de introspección vendría bien. Por ejemplo, ¿no sería beneficioso cambiar de enfoque para mantener lo que queda del estatus de privilegio de los Estados Unidos?
Sin embargo, hay pocos indicios de que nuestros líderes políticos, los cuerpos de oficiales superiores, o quienes forman la opinión pública desde fuera del gobierno, sean capaces de entretener tales debates. Ya sea por ignorancia, arrogancia, o falta de imaginación, el paradigma estratégico preexistente persiste tercamente, de modo que, también, como si por defecto, persisten los altos niveles de gasto militar que implica la estrategia.
Disonancia cultural : Debemos olvidarnos de la idea de que el surgimiento del movimiento Tea Party haya curado las divisiones producidas por las "guerras culturales". La agitación cultural desatada en la década de 1960, y centrada en Vietnam, sigue siendo un asunto pendiente en este país.
Entre otras cosas, los años sesenta destruyeron el consenso estadounidense, forjado durante la Segunda Guerra Mundial, sobre el significado de patriotismo. Durante la llamada Guerra Buena, el amor a la patria implicaba, incluso requería, el respeto al estado, evidenciado más claramente en la voluntad de la gente a aceptar la autoridad del gobierno de imponer el servicio militar obligatorio. Los soldados estadounidenses en esa época, la mayoría de ellos reclutados, eran la encarnación del patriotismo, arriesgando su vida para defender al país.
El soldado estadounidense de la Segunda Guerra Mundial era el estadounidense común y, tanto representaban como reflejaban, los valores de la nación de la que procedían (una percepción confirmada por el hecho irónico de que los militares se adhirieron a las normas vigentes de segregación racial). Era "nuestro ejército" debido a que el ejército éramos "nosotros".
Con Vietnam, las cosas se volvieron más complicadas. Los partidarios de la guerra sostenían que la tradición de la 2da Guerra Mundial era, todavía, aplicable: el patriotismo exigía respeto a las órdenes del Estado. Los opositores, en cambio, especialmente aquellos que se enfrentaban a la perspectiva del servicio militar obligatorio, insistían en lo contrario. Ellos revivieron la distinción, formulada una generación antes por el periodista radical Randolph Bourne, que separa al país y el estado. Los verdaderos patriotas, los que verdaderamente aman a su país, eran quienes se oponían a las políticas estatales que consideraban equivocadas, ilegales o inmorales.
En muchos aspectos, los soldados que lucharon en la guerra de Vietnam se encontraron incómodamente atrapados en el centro de esta controversia. ¿Era el soldado muerto en Vietnam en un mártir, una figura trágica, o un tonto útil? ¿Quién merece mayor admiración: el soldado que luchó con valentía y sin quejarse o el que sirvió y luego se volvió un opositor de la guerra? ¿O era el verdadero héroe el que se resistió a la guerra - el que nunca sirvió?
El fin de la guerra dejó sin resolver estas desconcertantes cuestiones y la decisión del presidente Richard Nixon en 1971 de acabar con el servicio militar obligatorio a favor de una Fuerza de Voluntarios, basada en la idea de que el país podría ser mejor servido con un ejército que no fuera "nosotros", sólo complicó aún más las cosas. Así, también, lo hicieron las tendencias en la política estadounidense, donde auténticos héroes de guerra (George H.W. Bush, Bob Dole, John Kerry y John McCain) perdían elecciones ante opositores con credenciales militares inexistentes o excesivamente leves (Bill Clinton, George W. Bush, y Barack Obama), pero que, una vez en el cargo, demostraron una notable propensión a derramar la sangre de otros estadounidenses (¡por supuesto que nunca la de miembros de sus propias familias!) en lugares como Somalia, Irak y Afganistán. Todo era más que un poco indecoroso.
El patriotismo, un concepto simple en otra época, se había convertido en algo confuso y polémico. ¿Qué obligaciones, si alguna, impone el patriotismo? Y si la respuesta es ninguna - opción que cada vez más estadounidenses consideran correcta – entonces, ¿sigue siendo el patriotismo, en sí, una propuesta viable?
Queriendo responder a esa pregunta de manera afirmativa - para distraer nuestra atención del hecho de que el patriotismo se había convertido en poco más que una excusa para lanzar fuegos artificiales y tomar un ocasional día de descanso - la gente y los políticos encontraron una manera de hacerlo exaltando a los estadounidenses que elegían servir en uniforme. La idea fue la siguiente: los soldados ofrecen prueba viviente de que los Estados Unidos son, todavía, un lugar por el que vale la pena morir, que el patriotismo (al menos en algunos sectores) se mantiene vivo y saludable; por consiguiente, los soldados son lo ‘mejor’ de la nación, comprometidos con "algo más grande que sí mismos" en una tierra que, de otra manera, estaba cada vez más absorta en la búsqueda de una definición materialista y narcisistas de auto-realización.
En efecto, los soldados ofrecían una garantía harto necesaria de que aún sobrevivirían los valores de la ‘vieja guardia’, aunque limitados a un segmento pequeño y poco representativo de la sociedad estadounidense. En lugar de ser Juan del Pueblo, el guerrero de hoy es un icono, y es considerado moralmente superior al resto de la nación para la cual lucha, depositario de las virtudes que sostienen la pretensión, cada vez más dudosa, de la singularidad de la nación.
Políticamente, por lo tanto, "apoyar a las tropas" se ha convertido en un imperativo categórico de todo el espectro político. En teoría, dicho apoyo podría traducirse en la determinación de proteger a las tropas contra abusos, o en desconfianza antes de comprometer a los soldados a guerras innecesarias o innecesariamente costosas. En la práctica, sin embargo, "apoyar a las tropas" ha encontrado su expresión en una insistencia en darle al Pentágono carta blanca para disponer de los recursos del tesoro de la nación, creando enormes barreras para cualquier propuesta de reducción que afecte, más que simbólicamente, el gasto militar.
Historia mal recordada: El duopolio de la política estadounidense ya no permite una posición anti-intervencionista con principios. Ambos partidos son partidos pro–guerra. Se diferencian, principalmente, en las razones que esbozan para defender el intervencionismo. Los republicanos promocionan la libertad, los demócratas hacen hincapié en los derechos humanos. Los resultados tienden a ser los mismos: una inclinación por un activismo que sostiene una incesante demanda de altos niveles de gastos militares.
Históricamente, la política estadounidense alimentaba una viva tradición anti-intervencionista. Sus principales proponentes incluyen figuras como George Washington y John Quincy Adams. Esa tradición encuentra su fundamento no en principios pacifistas, una posición que nunca ha atraído un amplio apoyo en este país, pero en el realismo pragmático. ¿Qué pasó con esa tradición realista? En pocas palabras, la Segunda Guerra Mundial la mató - o por lo menos la desacreditó. Los anti-intervencionistas perdieron el intenso debate que se produjo entre 1939 y 1941, y su causa quedó, a partir de entonces, marcada con la etiqueta de "aislacionismo".
El paso del tiempo ha transformado la Segunda Guerra Mundial de una masiva tragedia en un cuento moralista, que tilda de canallas a los opositores de la intervención. Ya sea explícita o implícitamente, el debate sobre cómo deben los Estados Unidos responder a alguna amenaza ostensible - Irak en 2003, Irán, hoy – es sólo una repetición del debate que terminó, finalmente, con los acontecimientos del 7 de diciembre de 1941. Expresar, hoy, escepticismo sobre la necesidad y la prudencia de usar la fuerza militar es invitar a la acusación de ser un pacificador o un aislacionista. Pocos políticos o personas que aspiran al poder se arriesgarán a las consecuencias de ser así etiquetados.
En este sentido, la política estadounidense sigue estando atrapada en la década de 1930 - siempre se descubre un nuevo Hitler, siempre privilegiando la retórica de Churchill - a pesar de que las circunstancias en que vivimos hoy en día tienen poca semejanza a aquella época. Sólo hubo un Hitler, y está muerto desde hace tiempo. En cuanto a Churchill, sus logros y su legado son mucho más mixtos de lo que sus batallones de defensores están dispuestos a reconocer. Y, si alguien merece un crédito especial por la demolición del Reich de Hitler y por la victoria aliada de la Segunda Guerra Mundial, es Josef Stalin, un dictador tan vil y criminal como el propio Hitler.
Mientras los estadounidenses no acepten estos hechos, hasta que no acepten una visión más matizada de la Segunda Guerra Mundial, una que tome plenamente en cuenta las implicaciones políticas y morales de la alianza de los Estados Unidos con la Unión Soviética y de la campaña de bombardeos de destrucción dirigida contra Alemania y Japón, la versión mítica de la "Guerra Buena" seguirá proporcionando justificaciones simplistas para seguir esquivando la pregunta de siempre: ¿cuánto es suficiente?
Al igual que las barreras de seguridad concéntricas dispuestas alrededor del Pentágono, estos cuatro factores – egoísmo institucional, la inercia estratégica, la disonancia cultural y la historia mal recordada - protegen el presupuesto militar de un análisis serio. Para los defensores de un enfoque militarizado de la política, éstas barreras son fuente de recursos muy valiosos, que están dispuestos a defender a toda costa.
Andrew J. Bacevich es profesor de historia y relaciones internacionales en la Universidad de Boston. Su libro más reciente es el Reglamento de Washington: Camino de Estados Unidos de Guerra Permanente.

Fórmula capitalista de evasión fiscal


AUTOR DE LA CIENCIA CELESTE

 DICE EL DIVINO PADRE JEHOVA EN LA CIENCIA CELESTE ALFA Y OMEGA, EN EL DIVINO TITULO:

978.- Todos aquellos demonios que se aprovecharon de los dineros de los pueblos y de sus derechos, no entrarán al Reino de los Cielos; es más fácil que entre uno que fué honrado, a que pueda entrar, uno que no lo fué.-


Mientras el mundo se desenvuelve desde hace varios años en una profunda crisis económica, los llamados paraísos fiscales continúan creciendo y guardando en sus arcas millones de millones de dólares que en la mayoría de los casos provienen de dinero obtenido en transacciones ilícitas, o de multimillonarios, banqueros y trasnacionales de Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Suiza y otros países como fórmula de evasión fiscal a gran escala.
El caso del ex banquero suizo Rudolf Elmer, a quien se le celebra juicio en ese país helvético porque entregó al sitio web WikiLeaks una lista con 2.000 cuentas de evasores de impuestos, ha puesto nuevamente en la palestra pública la actividad de estos paraísos y sobre todo sus verdaderos responsables y benefactores.
A Elmer, quien resultó despedido en 2002 del banco suizo Julius Baer, donde dirigía la oficina de esa entidad en las islas Caimán, se le acusó de violar el secreto bancario, emblema principal del sistema financiero helvético. En su defensa, el procesado argumentó que se acercó a WikiLeaks porque las autoridades internacionales hicieron caso omiso de sus denuncias.
WikiLeaks anunció que en las próximas semanas publicará la lista de Elmer (estaba exiliado en la isla Mauricio) que denuncia además la entrelazada y oculta conexión entre el mundo financiero y los paraísos fiscales, nombrados Offshore Financial Centres (Centros Financieros Extraterritoriales (CFE).
Estos CFE, que según numerosos analistas resultaron claves en la crisis global que comenzó en 2008, son sitios donde compañías e individuos adinerados depositan sus ganancias sin tener que abonar impuestos en sus países de origen y adonde va a parar una gran cantidad de dinero procedente del narcotráfico, la corrupción, el negocio ilícito de armas, sin que sus depositarios tengan que responder a preguntas incómodas.
Las tres islas Caimán, territorios ocupados y dependientes del Reino Unido, donde Elmer ocupaba un importante cargo bancario, sólo tienen en conjunto 262 kilómetros cuadros con una población de 52.000 personas, pero existen 1.130 subsidiarias de multinacionales.
Los que escogen estas islas como asiento de sus negocios e inversiones no necesitan pagar impuestos. En este paradisíaco lugar con bellas playas y abundantes hoteles se hallan 544 bancos con depósitos de más de 500.000 millones de dólares.
Según datos de Organizaciones No Gubernamentales, están registradas 30.000 compañías sin que sus cuentas sean auditadas ni sus consejeros deban ser residentes permanentes.
En una entrevista con BBC Mundo, el director de la ONG Justicia Fiscal Internacional John Christensen puntualizó que “esa imagen de islas celestiales, refugio de millonarios, dictadores y mafiosos, es una simplificación del problema pues en la lista de los diez mayores paraísos fiscales del mundo se encuentran los respetables nombres de Estados Unidos, Londres, Alemania y Suiza”.
Christensen, agregó que hay cuatro grandes clientes de los paraísos fiscales: Las fortunas individuales, las multinacionales, las entidades financieras y el dinero de origen ilegítimo: sea del narcotráfico, el terrorismo o la corrupción".
Por esta razón, se comprende por qué pese a la gran publicidad que se dio en la Cumbre del Grupo de los 20 (G-20) efectuada en abril de 2009 sobre las medidas que se tomarían para eliminar o disminuir las actividades de los CFE, nada se ha hecho al respecto. Detrás de ellos están fuerzas financieras, bancarias y hasta gubernamentales muy poderosas.
En marzo de 2008 un gran escándalo estalló en Alemania cuando la fiscalía germana realizó una investigación para detectar a cientos de sus ciudadanos que evadían impuestos.
Las indagaciones llegaron hasta el jefe de la oficina de correos Deutsche Post, Klaus Zumwinkel, que había logrado esquivar el pago de 1,5 millones de dólares en gravámenes.
Fue entonces cuando el Servicio Secreto alemán mediante el pago de 7,3 millones de dólares a un intermediario de un banco de Liechtenstein obtuvo un DVD con la lista de más de mil ciudadanos germanos que poseían cuentas clandestinas en el Banco LGT de ese principado europeo, cuyo monto ascendía a cerca de 8.000 millones de dólares.
En ese pequeño país de 180 kilómetros cuadrados y 35.000 habitantes, se hallan depositados alrededor de 150.000 millones de dólares, pero resulta imposible conocer quiénes son sus dueños debido al llamado secreto bancario. La ONU en varias ocasiones ha criticado a Liechtenstein por “tener controles financieros que permiten lavar dinero”.
Para abundar en datos, se conoce fehacientemente que allí están establecidas 70.000 “fundaciones” que son modalidades para inscribir presuntas firmas familiares y sus capitales sin pagar impuestos.
En Alemania una empresa paga al Estado el 39% de sus utilidades como impuesto corporativo, mientras que un privado puede llegar a pagar el 50% de sus ingresos como impuesto a los ingresos.
Liechtenstein, junto a Mónaco, Andorra, Gibraltar, San Marino y Suiza son los países acusados de mantener sistemas financieros que facilitan la evasión de impuestos y también el lavado de dinero, pero de esas frugales denuncias no pasa pues la Unión Europea en su conjunto los apoya porque muchas personas con influencia dentro de la Unión depositan sus cuentas en esos paraísos.
Organizaciones internacionales aseguran que si las enormes fortunas que se esconden en los CFE pagaran impuestos, se resolvería alcanzar las Metas del Milenio propuestas por la ONU y sobre todo reducir la elevada pobreza mundial para 2015.
Un análisis realizado por la ONG británica Tax Justice Network (Red para la Justicia Tributaria) asegura que el monto de evasión fiscal en el mundo, debido a la existencia de esas entidades, alcanza 250 billones. Con esas cifras y los antecedentes antes expuestos, será difícil que el G-20 o la en muchas ocasiones inoperante ONU puedan hacer algo al respecto.
Los multimillonarios, las compañías transnacionales, corruptos y narcotraficantes continuarán guardando y lavando dinero en esas cajas fuertes llamadas paraísos fiscales.

sábado, 29 de enero de 2011

Los egipcios no se conforman con el cambio de Gobierno y piden a Mubarak que se vaya

Miles de egipcios se dirigen masivamente a la céntrica plaza de Tahrir, epicentro de las protestas de los últimos días, en un claro desafío al toque de queda, que comenzó a las cuatro de la tarde (hora local).
El centro de la ciudad, donde se congregan decenas de miles de manifestantes, está controlado exclusivamente por las tropas del Ejército, mientras que la policía vigila sólo algunos puntos determinados.
A la plaza Tahrir (Liberación, en árabe), acuden desde distintos puntos de la ciudad grupos multitudinarios con pancartas críticas con el régimen de Hosni Mubarak, en el poder desde 1981.
Muchos jóvenes coreaba lemas contra el Gobierno egipcio y contra Mubarak, al que pedían que abandone el poder, mientras cruzaban uno de los puentes que comunican el centro de la capital con los barrios de la orilla opuesta del Nilo.
El corazón de El Cairo, símbolo de las protestas políticas que comenzaron el pasado martes, vive un ambiente festivo ante la ausencia policial.
Todo ello, a pesar de que las autoridades egipcias adelantaron en dos horas el toque de queda, que fue decretado ayer por primera vez en la historia reciente del país.
El Gobierno renuncia
El Gobierno egipcio encabezado por Ahmed Nazif presentó este sábado su dimisión, a partir de una petición en tal sentido hecha por el presidente Hosni Mubarak, informó la televisión pública.
Mubarak, en el poder desde 1981 y cuya renuncia se está exigiendo en protestas públicas que se desarrollan desde el pasado martes, anunció poco después de esta medianoche que, con el fin de superar la crisis, será nombrado un nuevo Gobierno.
En su discurso, el presidente no expresó ninguna intención de abandonar el poder y aseguró que había ordenado al Gobierno que renunciara y que se formara uno nuevo “que adopte nuevas funciones”.
Esta medida es la única solución política que Mubarak ha propuesto para superar la crisis que vive el país, donde ayer se vivió la jornada más violenta de los últimos días.
Mubarak, que todavía no ha aparecido en público, tampoco acudirá este sábado, como estaba previsto a la inauguración de la Feria Internacional del Libro de El Cairo, acto que ha quedado aplazado.
Agencias