lunes, 4 de abril de 2011

Rebeldes libios “reciben entrenamiento clandestino”

Al Jazeera ha recibido la información de que fuerzas especiales estadounidenses y egipcias han estado entrenando de manera clandestina a combatientes rebeldes de la guerra de Libia.

Una fuente rebelde anónima relató que había recibido entrenamiento militar en una “instalación secreta” en Libia oriental.

Laurence Lee, que informa desde el bastión rebelde de Bengasi, dijo a nuestro corresponsal que  le enviaron a disparar cohetes Katyusha, pero que le dieron una versión simple, sin manual, del cohete.

“Nos dijo que el jueves por la noche se envió un nuevo cargamento cohetes Katyusha a Libia oriental desde Egipto. No dijo que provenían de Egipto, sino que pasaron por ese país”, dijo nuestro corresponsal.

“Dijo que eran cohetes ultramodernos, buscadores de calor, que haccía falta entrenamiento para su utilización y que ese entrenamiento debían hacerlo las fuerzas especiales estadounidenses y egipcias”.

El misterioso acontecimiento ha suscitado varias preguntas incómodas sobre la participación privada de Egipto y lo que significa exactamente el embargo de armas, dijo nuestro corresponsal.

“También existe la cuestión de si el mundo exterior debe o no armar a los rebeldes, cuando en realidad ellos [los rebeldes] ya están recibiendo armas de manera clandestina”.

Nuestro corresponsal agregó que ya que parece que los rebeldes están recibiendo apoyo encubierto en términos de armamento y entrenamiento, no es sorprendente que no se sientan inclinados a criticar abiertamente a la OTAN.

Ataque accidental

El sábado, el portavoz de los rebeldes libios informó de que por lo menos 13 personas habían resultado muertas cuando la coalición atacó por error un convoy el viernes mientras los combatientes reivindicaban su victoria en la batalla por Brega.

“Trece muertos y siete heridos por fuego amigo. Fue un hecho lamentable”, dijo Abdulhafiz Ghoga en una conferencia de prensa, calificándolas de “muertes no intencionadas”.

Los rebeldes dijeron que el ataque de la OTAN del viernes que mató a por lo menos a 13 personas fue “daño colateral” [Reuters]

“La dirigencia trabaja para impedir que vuelva a ocurrir”, dijo, y agregó que Brega “está totalmente bajo el control de los rebeldes”.

Brega ha sido el escenario de intensos tiroteos durante los últimos días cuando las fuerzas leales a Gadafi volvieron después de ser expulsadas por las fuerzas rebeldes.

Pero no estaba claro desde el jueves quién controlaba realmente la ciudad, mientras las fuerzas contrarias a Gadafi se reagrupaban en Ajdabiya, a unos 80 kilómetros hacia el este.

Anteriormente, un funcionario civil rebelde dijo que los civiles muertos eran un conductor de ambulancia y tres estudiantes de medicina de Bengasi, la segunda ciudad de Libia.

Formaban parte de un convoy rebelde de cinco o seis vehículos, dijo Issa Khamis, coordinador del gobierno de transición de los rebeldes en la ciudad de Ajdabiya, al este de Brega.

El ataque del viernes tuvo lugar mientras los rebeldes disparaban al aire para celebrar la entrada de una columna avanzada en Brega.

“Fue un error” de los rebeldes, dijo Khamis. “Los aviones pensaron que los estaban atacando y abrieron fuego contra el convoy”.

Preocupaciones de la OTAN

Una portavoz de la OTAN, que dirige la coalición internacional que impone la zona de exclusión aérea sobre Libia y protege a los civiles contra los ataques, dijo que el bloque estaba investigando.

“Estamos estudiando esos informes. Siempre nos preocupan los informes sobre víctimas civiles. La misión de la OTAN es proteger a los civiles y las áreas civiles de la amenaza de ataque”, dijo Oana Lungescu, y agregó que no se ha iniciado ninguna investigación formal.

Hablando anteriormente con Al Jazeera, Mustafa Gheriani, portavoz del Consejo Nacional de Transición, dijo que era muy lamentable la pérdida de vidas el viernes.

“Sin embargo, comprendemos que también puede tener lugar daño colateral y lo aceptamos, porque consideramos la visión general que salvará más vidas.

“De modo que el hecho de que algunas personas sean víctimas de las circunstancias o que estén en el momento equivocado o en el lugar equivocado es más o menos muy mala suerte”, dijo Gheriani.

El gobierno libio, mientras tanto, ha producido un vídeo en el que, según dice, muestra civiles, incluidos mujeres y niños en un hospital en Brega. Se cree que han resultado heridos mientras trataban de escapar de los ataques aéreos.

Los médicos dicen que más de 240 personas han muerto y más de 1.000 han resultado heridas en Misurata sólo en el último mes, ya que una contraofensiva de las tropas de Gadafi aumentó la cantidad de víctimas.

El sábado, aterrizaron en Italia los tres primeros cazabombarderos suecos, ya que el país nórdico se suma a la operación de la zona de exclusión aérea sobre Libia dirigida por la OTAN.

Cinco más partirán hacia la misión el domingo dijo, Rickard Wissman, portavoz de la fuerza aérea.

Wissman dijo que los aviones JAS 39 Gripen llegaron a la base en Sicilia desde su base en Blekinge, en el sur de Suecia, el sábado.

En principio los pilotos recibieron la instrucción de volar a Cerdeña, pero después del despegue la OTAN les informó de que su destino se había cambiado a la base Sigonella en Sicilia, Italia.

Fuente: http://english.aljazeera.net/news/africa/2011/04/201142172443133798.html

Mujeres trabajadoras contra un Walmart que ha cobrado una extraña vida propia

¿Qué es Walmart , en un sentido estrictamente taxonómico? Atendiendo sólo a sus dimensiones, sería fácil tomarla por una nación: en 2001, sus ingresos anuales montaban tanto o más que los de 22 Estado nacionales. Si reuniéramos a todos sus empleados –sólo en los EEUU, 1,4 millones—, diríase que es una gran ciudad. Pero también cabe la posibilidad de ver a Walmart y a otras empresas de alcance planetario, no como conjuntos agregados de personas, sino como formas independientes de vida, como especies de superorganismos.
Tal parece ser la conclusión de la decisión los decisión de Ciudadanos Unidos 2010, en la que la Corte Suprema de los EEUU, incurriendo en delirante antropomorfismo, resolvió que las grandes corporaciones empresariales son realmente personas y que, por lo mismo, gozan de libertad de expresión y del derecho de hacer contribuciones financieras ilimitadas a las campañas electorales. Dirán ustedes que la noción de personalidad ya se había visto degradada al punto de resultar irreconocible por lo actvistas "pro-vida" que la extendieron a células individuales como los zigotos. Pero la Corte debió pensar que sería discriminatorio atender a razones de volumen: si una célula microscópica puede ser una persona, ¿por qué no un brontosaurio, un tsunami o una empresa transnacional?
Pero la defensa de Walmart ante una demanda colectiva que acusaba a la compañía de prácticas discriminatorias contra sus mujeres trabajadoras – Dukes v Walmart – arroja nueva luz sobre la biologíaa de las megaempresas privadas. La compañía arguye que con "siete divisiones, 41 regiones, 3.400 tiendas comeciales y más de un millón de empleados", las experiencias de los empleados individuales son demasiado distintas como para permitir jurídicamente una demanda "colectiva". Walmart, en otras palabras, es demasiado grande, demasiado multifacética y demasiado diversa como para poder ser jurídicamente demandada.
Así pues, si Walmart es realmente una persona, es una persona sin sistema nervioso central, o al menos sin control central de las distintas partes de su cierpo. Existen personas así, lo admito de grado, pero –la cosa no ofrece duda— cuando la Corte Suprema declaró que las corporaciones empresariales eran personas, no se refería a "personas con enfermedades neuromusculares degenerativas agudas".
Para quienes nunca han visitado un establecimiento de Walmart, diré que la empresa no es un conglomerado de boutiques gobernadas por divas egoístas. Todos y cada uno de los detalles, desde las políticas de personal hasta el equipo de útiles de cada planta, están dictados por el cuartel general de la empresa en Bentonville. Un ejemplo: en 2000, trabajé durante tres semanas en el departamento de ropa femenina de un Walmart. (Entre paréntesis: eso me permite ser ahora parte en la demanda colectiva contra Walmart por discriminación de género, aunque la posibilidad de una indemnización con una cifra de varios dígitos, creo, no ha influido en el juicio que de este asunto me he formado.) En el curso de mi trabajo, tuve ocasión de hacerle varias sugerencias a mi supervisor. Por ejemplo: que los pantalones vaqueros de talla extragrande no se exhibieran a ras de suelo, porque las mujeres de talla extragrande no podrían hacerse con ellos sin precisar ayuda para volver a levantarse. Buena idea, me dijo, pero corresponde a Betonville decidir dónde se ponen los vaqueros, y cualquier otro producto.
Muchas cosas han cambiado desde que yo trabajé en Walmart. La compañía ha luchado por mejorar su tradicional imagen de empresa explotadora. Se ha empeñado en decir que promoverá a más mujeres. Pero una cosa que seguro que no ha hecho es reestructurarse como un colectivo anarquista. Betonville sigue imperando absolutamente tanto sobre los directores de los establecimientos como sobre los "asociados", el eufemístico término empleado por Walmart para referirse a sus siempre mal retribuidos trabajadores.
De manera, pues, que si Walmart es una forma viva, es de una especie inclasificable. Come, devorando ciudad tras ciudad, a veces mutando el nombre: Walmex en México, Asda en el Reino Unido. Sin embargo, en la defensa presentada en el pleito Dukes vs. Walmart, Walmart alega no tener idea de lo que está haciendo. Eso podría ser una metáfora del capitalismo, o un indicio de que está en curso una invasión alienígena exitosa. Lo único seguro es que, si la Corte Suprema resuelve a favor de Walmart, experimentaremos una proliferación de esas criaturas: "personas" monstruosamente sobredimensionadas que insisten en su incapacidad para controlar sus acciones.
Barbara Ehrenreich es la presidente de la "United Professionals" y autora, recientemente, de This Land Is Their Land: Reports From a Divided Nation.

Libia es otro caso de vigilancia selectiva

La intervención de EEUU y la OTAN en Libia, con la cobertura del Consejo de Seguridad Naciones Unidas, es parte de una respuesta orquestada para mostrar apoyo al movimiento contra un dictador particular, y en haciéndolo, para poner fin a las rebeliones árabes afirmando el control occidental de la situación, confiscando su ímpetu y espontaneidad y buscando restaurar el statu quo ante.
Es absurdo pensar que las razones para bombardear Trípoli o para tirar al pichón en las afueras de Bengasi están concebidas para proteger a la población civil. La utilización de argumento está concebida para atraerse el apoyo de los ciudadanos euro-norteamericanos y de parte del mundo árabe. “Miradnos”, dicen los sátrapas Obama/Clinton y los de la UE , "estamos haciendo el bien. Estamos del lado del pueblo”. El cinismo es tan patente, que quita el aliento. Se supone que debemos creer que unos dirigentes que se han manchado las manos de sangre en Afganistán y Pakistán están defendiendo ahora al pueblo libio. Los degenerados medios de comunicación británicos y franceses son capaces de tragarse cualquier cosa, pero el hecho de que gentes decentes de izquierda caigan todavía en el estercolero resulta deprimente. La sociedad civil se conmueve fácilmente con algunas imágenes, y la brutalidad de Gadafi bombardeando a su propia población fue el pretexto utilizado por Washington para bombardear otra capital árabe. Entretanto, los aliados de Obama en el mundo árabe se aplicaban con empeño a la tarea de promover la democracia:
Los saudíes entraban en Bahrein, en donde la población es tiranizada y se dan detenciones masivas. No se dice mucho de eso en al-Jazeera. Me pregunto por qué. Se diría que esta emisora ha sufrido últimamente las oportunas presiones para que se allanara a la política de quienes la financian.
Todo eso con apoyo activo de los EEUU. El déspota de Yemen, impugnado por la mayoría de su pueblo, sigue masacrándolo día sí y otro también. Ni siquiera un embargo de armas, por no hablar de una “zona de exclusión área” se le ha impuesto. Libia es otro caso más, pues, de vigilancia selectiva por parte de EEUU y sus perros de presa occidentales.
Pueden contar con Francia. Sarkozy estaba desesperado por hacer algo. Incapaz de salvar a su amigo Ben Ali en Túnez , decidió ayudar a desembarazarse de Gadafi. Los británicos, siempre dispuestos; y en este caso, habiendo sostenido al régimen libio en las dos últimas décadas, tratan de ponerse del lado correcto para no perder el reparto de los despojos. ¿Y qué iban a hacer?
Las divisiones que en toda esta operación se han registrado dentro de la elite político-militar norteamericana dejan ver que no hay un objetivo claro. Obama y sus sátrapas europeos hablan de cambio de régimen . Los generales se resisten, y dicen que eso no forma parte de la operación. El Departamento de estado norteamericano se afana en la preparación de un nuevo gobierno compuesto de colaboradores libios angloparlantes. Nunca sabremos ya cuánto tiempo habría aguantado unido el ejército descompuesto y debilitado de Gadafi ante una oposición fuerte. La razón de que Gadafi perdiera apoyos en sus fuerzas armadas fue precisamente que ordenó disparar contra su propio pueblo. Ahora habla de la voluntad imperialista de derrocarle y hacerse con el petróleo, y muchos que lo desprecian pueden ver que eso es verdad. Otro Karzai está en camino.
Las fronteras de este escuálido protectorado que occidente se apresta a crear se decidirán en Washington. Incluso los libios que, por desesperación, apoyan ahora los bombardeos aéreos de la OTAN terminarán, como sus equivalentes iraquíes, lamentándolo.
Todo eso podría terminar culminando en una tercera fase: en una creciente cólera nacionalista que se extienda por la Arabia Saudí; y aquí, no les quepa duda, Washington hará todo lo necesario para mantener en el poder a la familia saudí reinante. Si pierden la Arabia Saudí, pierden los Estados del Golfo. El asalto a Libia, al que ha contribuido por mucho la imbecilidad de Gadafi en todos los frentes, ha sido concebido para arrebatar la iniciativa a las calles y aparecer como en primera línea de la defensa de los derechos civiles. No convencerán a bahreinís, egipcios, tunecinos, saudíes y yemeníes, y aun en Euro-Norteamérica son más los que se oponen a esta aventura que los que la apoyan. La lucha anda lejos de estar decidida.
Obama habla de un Gadafi inclemente, pero la clemencia occidental nunca llueve de barato desde el cielo. Sólo resulta una bendición para el poder que la dispensa, el más poderoso de los más poderosos.

El desempleo puede multiplicar por siete el riesgo de contraer enfermedades mentales

La última gran crisis del capitalismo, generada y aprovechada por banqueros, grandes empresarios y gobiernos conservadores, ha aumentado la desigualdad, la pobreza y el desempleo en el mundo, una gran parte de cuya población está desprotegida. De los más de 205 millones de parados, solo el 13% tiene protección social, y solo una de cada cinco personas accede a una pensión y a la protección de la salud. En España, unos pocos años de profunda crisis han empeorado dramática y desigualmente el desempleo, el más alto de los países ricos. Las cifras lo dicen casi todo: España ha generado uno de cada 20 nuevos parados en el mundo. Desde el 2007 se ha pasado de 1,7 a 4,7 millones de parados (del 8% a más del 20% de la población activa) afectando más a los jóvenes (43%), inmigrantes (más del 30%) y clases sociales pobres con menos educación (43% en analfabetos y 30% con educación primaria frente al 11,7% y al 2% en quienes tienen educación superior o doctorados). En 1,3 millones de hogares nadie tiene trabajo, hay un millón de parados de larga duración (más de dos años), y 1,5 millones de parados sin ingresos.

Aunque mucho menos visible que un terremoto o una inundación de grandes proporciones, el brutal impacto del paro sobre la vida y la salud de la población comporta una situación que cabe calificar como de emergencia nacional. El paro produce una incontable cascada de efectos que incide sobre muchos aspectos cotidianos. La inseguridad de parados y trabajadores incrementa la desesperanza y el miedo, la xenofobia y la violencia. La amenaza de quedar sin trabajo se convierte en un mecanismo disciplinario y de presión sobre la clase trabajadora, que aumenta a medida que crece el desempleo. El paro paraliza carreras profesionales, reduce la autoestima, genera estrés psicológico y numerosos riesgos que dañan la salud. Aumenta la probabilidad de enfermar, tener problemas de ansiedad o depresión (tres veces más que en quienes trabajan), engancharse a drogas como el alcohol o tabaco, morir prematuramente o suicidarse.

Los problemas empeoran en las familias obreras, los pobres y las madres solas con hijos. En los parados sin subsidio, por ejemplo, los problemas de salud mental se multiplican por tres si son profesionales y por siete si son obreros, riesgos que se reducen mucho cuando hay ayudas. Tras cada dato, se esconde una invisible retahíla de historias vitales llenas de desesperación, lucha y dolor: «Estoy sin trabajo y pago un préstamo hipotecario, si dejo de cobrar me quitarán el piso, no quiero ni pensarlo»; «soy una madre de 35 años desesperada, en poco tiempo me veo en la calle y sin nada, tengo una hija de 13 años a la que no puedo ofrecer nada»; «en casa vivimos ocho personas, con tres niños, solo una trabaja y no entran ingresos, estoy dispuesto a robar si es necesario para sacar adelante a mi familia»; «voy a cometer alguna locura si esto no se arregla»…

Los efectos del desempleo sobre la sociedad y la salud pública son la punta del iceberg de otras condiciones de empleo. Junto a los desempleados oficiales hay parados encubiertos (quienes dejan de buscar trabajo), subempleados (quienes quieren trabajar más horas o buscan un trabajo más regular), múltiples formas de autoempleo marginal y empleo informal (actividades laborales remuneradas sin cotizar a la Seguridad Social de las que se benefician empresarios sin escrúpulos) y la precariedad laboral (asalariados inseguros con salarios bajos, alta vulnerabilidad, escasa protección y derechos e incapacidad de ejercerlos). A diferencia del paro, los indicadores de esos empleos son mucho menos precisos o no existen. Por ejemplo, la elevada cifra de contratos temporales (25%) no refleja la situación real de precariedad laboral que se distribuye desigualmente (90% en mujeres obreras inmigrantes jóvenes, por 20% en hombres profesionales españoles mayores de 30 años). La precariedad, o trabajar intermitentemente con periodos de paro y precariedad, daña la salud: a peor situación laboral, peor salud.

Las políticas neoliberales que flexibilizan una supuesta rigidez laboral, recortan servicios públicos y debilitan la negociación colectiva y la protección social crean inseguridad en los trabajadores forzándoles a ser sumisos y aceptar la explotación. Un Estado del bienestar merecedor de ese nombre debe tener políticas de protección social que permitan vivir dignamente y con buena salud. El devastador impacto del desempleo y la precariedad requieren realizar con urgencia políticas fiscales progresivas y redistributivas que permitan mejorar la protección social. Instaurar una renta básica universal no condicionada, por ejemplo, reduciría la pobreza (nueve millones de pobres; 650.000 de ellos con menos de 250 euros al mes), desmercantilizaría las relaciones laborales y aumentaría el poder de negociación de unos trabajadores que no tendrían que aceptar empleos degradantes, injustos y peligrosos. Sin políticas como esas, millones de personas seguirán pagando los efectos de la crisis con su salud y con su vida.

Joan Benach y Carles Muntaner son miembros del Grupo de Investigación en Desigualdades en Salud de la Universidad Pompeu Fabra

Fuente:
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4058

sábado, 2 de abril de 2011

El senador Kerry admite que EEUU ha dilapidado 150 millones destinados a la subversión en Cuba

El presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EE.UU., John Kerry, condicionó hoy el desembolso de 20 millones de dólares adicionales para programas de subversión en Cuba a una “revisión plena” de esos proyectos, presentados con el eufemismo de “pro democracia”.
Kerry reconoció que este tipo de programas ha costado 150 millones de dólares al contribuyente norteamericano y solicitó que la Oficina de Supervisión del Congreso (GAO, en inglés), que ha investigado fraude y abuso de esos programas en el pasado, realice otra investigación “sobre la base legal y la eficacia de estas operaciones”.
“No hay prueba de que los programas de promoción de la democracia, que hasta la fecha le han costado a los contribuyentes estadounidenses más de 150 millones de dólares, estén ayudando al pueblo cubano”, dijo Kerry en un comunicado.
Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos ha destinado otros 20 millones para este año, destinado a supuestos disidentes, blogueros y tuiteros, que los reciben a través de intermediarios contratados por el gobierno o agenciados por grupos desde Miami.
Antes de desembolsar esa cantidad de dólares adicionales a la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID), “se debe realizar una revisión plena de los programas y la Administración debe consultar al Congreso”, advirtió.
Entre 1996 y 2008, la USAID desembolsó 83 millones de dólares a organizaciones no gubernamentales y universidades.
En 2006, una auditoría de la GAO descubrió “debilidades” en la supervisión de los programas de la USAID que, a su juicio, aumentaban el riesgo de fraude. Entre los descubrimientos se encuentra dinero repartido en grupos en Miami, que lo utilizaron para compras de artículos suntuarios, entre ellos abrigos de cachemira imposibles de usar en Cuba donde la temperatura se mantiene cálida durante el año, latas de carne de cangrejo, chocolates Godiva y otros artículos.
Dos años después, el Congreso congeló 45 millones de dólares para programas de Cuba de la USAID, aunque terminó desembolsándolos después de recibir garantías de la Casa Blanca y del Departamento de Estado de que se investigarían los casos de fraude de los grupos de Miami que recibían fondos de la agencia.

Revelado el acuerdo entre EE.UU. y Arabia Saudí

Vosotros invadís Bahréin. Nosotros eliminamos a Muamar Gadafi en Libia. Es, en breve, la esencia de un trato cerrado entre el gobierno de Barack Obama y la Casa de Saud. Dos fuentes diplomáticas de las Naciones Unidos lo confirmaron independientemente de que Washington, a través de la secretaria de Estado Hillary Clinton, dio el visto bueno para la invasión de Bahréin por Arabia Saudí y la represión del movimiento pro democracia en su vecino a cambio de un “sí” de la Liga Árabe a la zona de exclusión aérea sobre Libia, la principal justificación que llevó a la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
La revelación provino de dos diplomáticos diferentes, un europeo y un miembro del BRIC y la hicieron por separado a un experto estadounidense y a Asia Times Online. Debido al protocolo diplomático, sus nombres no se pueden mencionar. Uno de los diplomáticos dijo: “Es el motivo por el que no pudimos apoyar la resolución 1973. Y argumentamos que Libia, Bahréin y Yemen eran casos similares, y pedimos una comisión investigadora. Mantenemos nuestra posición oficial de que la resolución no es clara, y podría interpretarse de una manera beligerante.”
Como informó Asia Times Online, el apoyo total de la Liga Árabe a la zona de exclusión aérea es un mito. De los 22 miembros plenos, sólo 11 estuvieron presentes en la votación. Seis de ellos eran miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC), el club apoyado por EE.UU. de reinos/dominios de jeques del Golfo, con su mandamás, Arabia Saudí. Siria y Argelia estuvieron en contra. Arabia Saudí solo tuvo que “seducir” a otros tres miembros para obtener los votos.
Traducción: solo nueve de los 22 miembros de la Liga Árabe votaron por la zona de exclusión aérea. La votación fue esencialmente una operación dirigida por la Casa de Saud y Amr Moussa, secretario general de la Liga Árabe, ansioso de pulir su currículo ante Washington con la meta de llegar a ser el próximo presidente egipcio.
Por lo tanto, al principio, hubo la gran revuelta árabe de 2011. Luego, inexorablemente, vino la contrarrevolución estadounidense-saudí.
Alegría de los logreros
Los imperialistas humanitarios lo presentarán en masa como una “conspiración”, tal como han afirmado que el bombardeo de Libia impidió una hipotética masacre en Bengasi. Defenderán a la Casa de Saud diciendo que actuó para aplastar una subversión iraní en el Golfo; obviamente la ‘R2P’, -“responsabilidad de proteger”– no se aplica a la gente de Bahréin. Promoverán activamente la Libia post Gadafi como una nueva y petrolera Meca de los derechos humanos, completada con agentes de los servicios de inteligencia de EE.UU., operaciones clandestinas, fuerzas especiales y contratistas marrulleros.
Digan lo que digan, no cambiarán los hechos en el terreno –los resultados gráficos del baile sucio de EE.UU. y los saudíes-. Asia Times Online [Rebelión] ya ha informado de quién se beneficia de la intervención extranjera en Libia (Vea “No hay negocio como el de la guerra”, del 31 de marzo). Los protagonistas incluyen al Pentágono (a través de AFRICOM), a la OTAN, Arabia Saudí, Moussa de la Liga Árabe y Qatar. Agreguemos a la lista la dinastía al-Khalifa en Bahréin, diversos contratistas de armamentos y a los sospechosos neoliberales de siempre, ansiosos de privatizar todo en la nueva Libia, incluso el agua. Y ni siquiera hablamos de los buitres occidentales que revolotean sobre la industria del petróleo y del gas de Libia.
Desvelada está, sobre todo, la sorprendente hipocresía del gobierno de Obama, que presenta un burdo golpe geopolítico que involucra África y el Golfo Pérsico como una operación humanitaria. En cuanto al hecho de que se trata de otra guerra de EE.UU. contra una nación musulmana, se trata sólo de una “acción militar cinética”.
Hay amplia especulación, tanto en EE.UU. como en todo Medio Oriente, de que considerando el impasse militar, y corto, de que la “coalición de los dispuestos” relegue a la familia Gadafi al olvido con sus bombas, Washington, Londres y París se den por satisfechos con el control de Libia oriental; una versión norteafricana de un Emirato del Golfo rico en petróleo. A Gadafi le quedaría una Tripolitania hambrienta al estilo de Corea del Norte.
Pero considerando las últimas deserciones importantes del régimen, más la fase final deseada (“Gadafi debe irse”, en las propias palabras del presidente Obama), Washington, Londres, París y Riad no se darán por satisfechos con otra cosa que con todo el kebab. Incluida una base estratégica para AFRICOM y la OTAN.
Acorralen a los sospechosos de siempre
Uno de los efectos secundarios del trato sucio EE.UU.-Arabia Saudí es que la Casa Blanca hace todo lo que puede para asegurar que el drama de Bahréin sea enterrado por los medios estadounidenses. La presentadora de noticias de BBC America, Katty Kay, por lo menos tuvo la decencia de subrayar: “Les gustaría que esto [Bahréin] desapareciera porque no hay ninguna ventaja real para ellos en el apoyo a la rebelión de los chiíes”.
Por su parte el emir de Qatar, Jeque Hamad bin Khalifa al Thani, se presentó en al-Jazeera y dijo que la acción fue necesaria porque el pueblo libio fue atacado por Gadafi. Los periodistas, generalmente decentes, de al-Jazeera podrían haber preguntado cortésmente al emir si enviaría sus Mirage a proteger al pueblo de Palestina contra Israel, o a sus vecinos en Bahréin contra Arabia Saudí.
La dinastía al-Khalifa en Bahréin es esencialmente un montón de colonos suníes que se apoderaron del país hace 230 años. Durante gran parte del Siglo XX, fueron complacientes esclavos del imperio británico. El Bahréin moderno no viene bajo el espectro de un empujón de Irán: no es más que un mito de al-Khalifa (y de la Casa de Saud).
Los bahreiníes, históricamente, siempre han rechazado que formen parte de una especie de nación chií dirigida por Irán. Las protestas son antiguas, y forman parte de un verdadero movimiento nacional, mucho más allá de sectarismo. No es sorprendente que la consigna en la icónica rotonda Perla, aplastada por el temible Estado policial al-Khalifa, haya sido: “ni suní, ni chií: bahreiní”.
Lo que querían los manifestantes era esencialmente una monarquía constitucional; un parlamento legítimo; elecciones libres y justas; y no más corrupción. Lo que obtuvieron en su lugar fue “Bahréin amigo de las balas” en lugar de “Bahréin amigo de los negocios”, y una invasión auspiciada por la Casa de Saud.
Y la represión continúa, invisible para los medios corporativos de EE.UU. Los twitters gritan que todo el mundo y su vecino están siendo arrestados. Según Nabeel Rajab, presidente del Centro Bahréin por los Derechos Humanos, más de 400 personas han desaparecido o están detenidas, algunas “arrestadas en puestos de control comandados por matones traídos de otros países árabes y asiáticos, llevan máscaras negras en las calles”. Incluso el bloguero Mahmood Al Yousif fue arrestado a las 3 de la mañana, provocando sospechas de que lo mismo ocurrirá a todo bahreiní que haya blogueado, twitteado, o colgado mensajes en Facebook a favor de la reforma.
El policía global progresa
Amanecer de la Odisea ha terminado. Ahora viene Protector Unificado –dirigido por el canadiense Charles Bouchard-. Traducción: el Pentágono (como en AFRICOM) transfiere la “acción militar cinética” a sí mismo (como a la OTAN, que no es otra cosa que el Pentágono gobernando Europa). AFRICOM y la OTAN son ahora uno solo.
El espectáculo de la OTAN incluirá ahora ataques aéreos y de misiles crucero; un bloqueo naval de Libia; y tenebrosas operaciones en tierra no especificadas para ayudar a los “rebeldes”. Hay que esperar incursiones duras de helicópteros artillados al estilo AfPak –con el correspondiente “daño colateral”.
Una curiosa situación ya se hace visible. La OTAN permite deliberadamente que las fuerzas de Gadafi avancen a lo largo de la costa del Mediterráneo para repeler a los “rebeldes”. Hace rato que no hay ataques aéreos selectivos.
El objetivo posiblemente es extraer concesiones políticas y económicas del Consejo Nacional Interino (INC) infestado de desertores y exiliados libios, un reparto sospechoso de personajes que incluye al ex ministro de justicia Mustafa Abdel Jalil, al ex secretario de planificación educado en EE.UU. Mahmoud Jibril y al ex residente en Virginia, el nuevo “comandante militar” y agente de la CIA Khalifa Hifter. El laudable movimiento indígena Juventud del 17 de Febrero –que estuvo a la vanguardia del levantamiento de Bengasi– ha sido totalmente marginado.
Es la primera guerra africana de la OTAN, tal como Afganistán es la primera guerra de la OTAN en Asia central y del sur. Configurada ahora firmemente como brazo armado de la ONU, la policía global OTAN progresa, implementando su “concepto estratégico” aprobado en la cumbre de Lisboa en noviembre pasado (vea “Bienvenido a OTANstán”, Rebelión, 21 de noviembre de 2010).
Hay que eliminar la Libia de Gadafi para que el Mediterráneo –el mare nostrum de la antigua Roma– se convierta en un lago de la OTAN. Libia es la única nación del norte de África que no está subordinada a AFRICOM, a CENTCOM o a alguna otra de la miríada de “cooperaciones” de la OTAN. Las otras naciones no relacionadas con la OTAN son Eritrea, la República Árabe Saharaui Democrática, Sudán y Zimbabue.
Además, dos miembros de la “Iniciativa de Cooperación de Estambul” de la OTAN –Qatar y los Emiratos Árabes Unidos– combaten ahora por primera vez junto a AFRICOM/OTAN. Traducción: la OTAN y los socios del Golfo Pérsico libran una guerra en África. ¿Europa? Es demasiado provincial. El camino es el policía global.
Según la propia doble moral oficial del gobierno de Obama, los dictadores que son elegibles para el “acercamiento estadounidense” –como los de Bahréin y Yemen– pueden estar tranquilos, y no se les castigará hagan lo que hagan. Y más vale que tengan cuidado los que son elegibles para “alteración de régimen”, desde África a Medio Oriente y Asia. La policía global OTAN los va a liquidar. Con tratos sucios o sin ellos.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Revelan la identidad del agente cubano infiltrado en proyectos “humanitarios” de EEUU en Cuba

Las Razones de Cuba
, la serie televisiva que se transmite en Cuba cada lunes, ha revelado hoy la identidad del agente Gerardo de la Seguridad Cubana, el Dr. Manuel Collera, quien estuvo infiltrado durante años y logró documentar prueba irrefutables de la manipulación política que hace el gobierno de los Estados Unidos de la supuesta “ayuda humanitaria”.
El Dr. Manuel Collera, cardiólogo infantil, comenta en el programa “Ayudas peligrosas”, que era sistemáticamente contactado por representantes del gobierno norteamericano, quienes le manifestaron abiertamente su interés de revertir el sistema político de la Isla.
El médico, quien fue vicepresiente de la Logia Masónica de Cuba, tenía orientaciones de funcionarios de los EEUU para organizar una red de personas que pudieran recibir medicamentos y otras donaciones, que permitieran ejercer influencias políticas con el objetivo de subvertir internamente la Revolución.
Todo comenzó a finales del año 2000, cuando José Manuel Collera Vento se le acercaron personas procedentes de Estados Unidos que le fueron presentadas por el ciudadano Gustavo Pardo Valdés, vinculado a la Sección de Intereses de Washington en La Habana. Querían “ayudar” al pueblo cubano. Los funcionarios de EEUU estaban siempre presentes en los encuentros con emisarios de las ONGs que enviarían el soporte humanitario.
Hacia el año 2002 ya los nexos de Collera con la canadiense Fundación Donner, utilizada por el enemigo para enmascarar el financiamiento de proyectos subversivos contra la Isla, y la Fundación Panamericana para el Desarrollo (FUPAD), un engendro de la OEA cuyos mayores ingresos proceden de la USAID (sigla en inglés de la Agencia para el Desarrollo Internacional de EE.UU.), eran fluidos.
De alguna manera asistió en reiteradas ocasiones a la SINA junto a directivos de esas ONGs en tiempos de Vicky Huddleston, James Cason y Michael Parmly como jefes de la oficina.
Sus contactos en EEUU fueron Curtin Winsor, un ex embajador de Estados Unidos en Costa Rica que estaba al frente de la Donner; Akram Elías, ex Gran Maestro de la Gran Logia de Washington; Marc Wachtenheim, colaborador de la CIA vinculado a uno de sus oficiales, Rene Greenwald.
Hasta el 2010, Wachtenheim fue el director del Programa Iniciativa para el desarrollo de Cuba de la FUPAD, también receptora del dinero de la Fondo Nacional para la Democracia (NED).

Bélgica enfrenta crisis política más larga del mundo

En medio de protestas ciudadanas, Bélgica batió hoy récord mundial al superar los 289 días sin gobierno estable, que hasta ahora recaía en Irak.

  La nación sede de las principales instituciones de la Unión Europea y de la OTAN celebró elecciones legislativas anticipadas en junio de 2009, tras la renuncia del primer ministro Yves Leterme, pero ninguna organización política consiguió mayoría suficiente para gobernar en solitario.

Desde entonces, los siete partidos más votados no se ponen de acuerdo, entre otros asuntos, sobre la proyectada reforma del Estado que exigen las formaciones de la región de Flandes, como condición indispensable para conformar un gabinete de coalición.

Múltiples manifestaciones populares en tono humorístico fueron convocadas en esta capital en las últimas horas como señal de protesta contra las diversas fuerzas políticas que no logran conciliar el futuro político del país, reseña la prensa local.

Como en febrero pasado, la asociación juvenil División, utilizó nuevamente el término "Revolución de las Patatas Fritas" para denominar a la serie de mítines y actos en los que expresan su disgusto por el desgobierno que vive la nación del Benelux.

El lema de la protesta alude a uno de los platos favoritos de los belgas y tal vez uno de los últimos símbolos de unidad nacional.

Entre los temas que mantienen estancadas las negociaciones figuran los desacuerdos sobre la separación del distrito electoral de la capital belga y su periferia (Bruselas-Halle-Vilvoorde), la financiación de Bruselas y la transferencia de competencias de empleo a las regiones.

La misión principal de los partidos que aspiran a formar gobierno radica en encontrar una propuesta que equilibre las diferencias entre flamencos (Flandes) y francófonos, respecto a esas modificaciones.

Bélgica está dividida en tres regiones (Flandes, Valonia y Bruselas) y en igual cantidad de comunidades lingüísticas (neerlandófona, francófona y germanófona).

Los conflictos entre estas han puesto al país en más de una oportunidad al borde de la fragmentación.

Fuente: http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=275907&Itemid=1

Inglaterra, por fin, se moviliza contra la crisis

Más de 300.000 personas, en su mayoría sindicalistas de todos los rincones de Inglaterra y Escocia, se han manifestado este fin de semana por las calles de Londres en contra de los recortes salvajes que propone el gobierno de coalición Conservador-Liberal. Es la mayor manifestación del mundo laboral en treinta años, dato que expresa la amplia preocupación del sector público donde se anuncia un recorte de plantilla, a marchas forzadas, del 20%.
La manifestación, la primera desde que comenzó la Gran Crisis en 2008, ha sido la culminación de más de seis meses de organización y motivación. Pero aunque el número de participantes ha sido impresionante – este no es país de huelgas generales y manifestaciones gigantes – a la manifestación le ha faltado el metabolismo. Se ha mostrado tanto fuerzas como debilidades. El movimiento laboral inglés se enfrenta a varios problemas de envergadura para defenderse de los hachazos presupuestarios.
Veinte años de Thacherismo, seguidos de trece de neoliberalismo laborista, han logrado destruir la conciencia de clase y, en muchos casos, la conciencia sindical. El obrero inglés se encuentra atomizado. A menudo razona una repuesta a la crisis a perjuicio de otros sectores laborables: “no me des el hachazo, dáselo al otro”. Joan Stuart es un ejemplo. Formaba parte de un grupo de enfermeras de Nottingham que portaba una bandera grande que rezaba, : “No al despido de trabajadores de primera línea”. Le pregunto si la consigna no dificultaría el apoyo unitario de otros trabajadores, los de segunda linea? Me explica, dirigiéndose a mi razonamiento interesado: “Si te rompes la pierna y vas a urgencias, lo que necesitas es enfermeras y médicos de primera línea”. Lógica aplastante. Pero también necesitaría – le sugiero - un radiólogo, un celador y sobre todo un administrativo que asegure que se paguen las nóminas de enfermeras”. Se encoge de hombros, “Cada uno tiene que luchar por lo suyo”. Sálvese quien pueda.
La estructura sindical, organizada por oficios y no por centrales, tampoco facilita la movilización. Los sindicatos cuentan con una coordinadora, la Trade Union Congress, que patrocinó oficialmente la manifestación. Pero la TUC es célebre solo por su parsimonia y su falta de coordinación.
Treinta años de acoso ideológico, mediático y legislativo también han acobardado a los sindicatos. En su mayoría son instituciones que pertenecen a otra época – se les califica a menudo de ‘dinosaurios sin dientes’ - cuando el país se regía por acuerdos y arreglos tripartitos: El Estado, la patronal, los sindicatos.
Solo un sindicato, el RMT-Rail Maritime & Transport Workers (ferroviarios, marinos y del transporte), puede calificarse de combativo. Su secretario general, Bob Crowe, es uno de los promotores más fuertes de la campaña contra recortes y despidos. Crowe, un antiguo comunista, no se deja intimidar ni por la notoriedad ni el acoso mediático. Ha hecho carrera mostrando que un estilo agresivo y tajante produce dividendos a la hora de conseguir subidas salariales. Tiene un arma potente: su sindicato puede paralizar a los dos millones de viajeros que necesitan entrar y salir de Londres cada día para trabajar.
Pero el problema mayor que tiene el movimiento obrero es la falta de liderazgo político. El Partido Laborista no ha apoyado la manifestación, y se niega ha apoyar la lucha contra los recortes, aunque hayan participado ampliamente sus comités locales y sus activistas. La dirección laborista, a pesar de sus críticas retóricas, apoya, con matices, los mismo recortes que propone el Gobierno.
En el lado positivo, sigue desarrollándose el movimiento de jóvenes anticapitalistas, especialmente el de inspiración anarquista. A diferencia de las dos generaciones anteriores, la de la post-guerra y la de los años 60, cuya pasividad política se basa en la esperanza de que el estado de bienestar les iba a cuidar de la cuna a la fosa, la juventud presiente que la fiesta se acabó y que poco le espera con el capitalismo inglés. De ahí su anticapitalismo feroz y la dureza de su rechazo de todo lo existente. No es para ellos el desfile ordenado y encauzado de las manifestaciones tradicionales. Van a su bola y por donde les da la gana.
La policía londinense está acostumbrada a manifestaciones que se ciñen a un recorrido preestablecido, que casi siempre es el mismo: comienzo en Westminster, y hacia arriba hasta la plaza de Trafalgar, por Picadilly hasta Hyde Park para romper filas, tomarse un helado, escuchar discursos y a casa. La policía no tiene ni la experiencia, ni el equipo, para enfrentarse a decenas de grupos que se mueven rápidamente en distintos puntos de la ciudad. Por primera vez para mantener el control la policía ha tenido que utilizar tres helicópteros en vez de uno y 5000 efectivos. Aun así, se han visto desbordados.
Durante varias horas la juventud anticapitalista era dueña de la calle. Destruyeron los escaparates de tiendas de súperlujo y de una veintena de bancos, dos de ellos sucursales del Santander. Fortnum & Masons, la tienda emblemática de la Casa Real y de la aristocracia inglesa, fue invadida por un grupo anarquista y durante horas ondeó de su fachada la enseña roja y negra. Hubo 210 detenidos, la mayoría por delitos de orden público y una decena de policías resultaron heridos.

Oposición en Taiwan no quiere energía nuclear

La presidenta del opositor Partido Democrático Progresista (PDP) y ex viceprimera ministra de Taiwán, Tsai Ing-wen, anunció un plan nacional para prescindir de la energía nuclear en 2025. El debate sobre esa fuente de energía se reavivó con los controvertidos 9.300 millones de dólares para construir una cuarta central atómica aquí tras el terremoto y posterior tsunami que golpeó el noreste de Japón y que causó la muerte a más de 10.000 personas. Las instalaciones quedaron dañadas, hubo grandes explosiones y liberación de radiación.

El vicepresidente de la estatal Taiwan Power Company (Taipower), Huang Hsiend, respondió que es "casi imposible" depender del gas natural y de las energías renovables para 2025. "Es inviable" abandonar la alternativa nuclear, remarcó.

"Nadie reclama un cese inmediato de la generación, sino una disminución gradual y equilibrada", dijo a IPS la concejala del PDP de Taipei, Hsu Chia-ching.

"Permitir que opere la central y generar más combustible que produce desperdicios radiactivos significará una tragedia mayor", respondió Tsai al ser consultada de si la interrupción de la construcción no era una pérdida de dinero.

"El daño a la sociedad y a la economía japonesa, incluido el turismo, la agricultura, la pesca y la industria, es muchísimo mayor, sin mencionar el costo de la reconstrucción", dijo a IPS la profesora de ciencias atmosférica Hsu Kuang-jung, quien trabaja en la Universidad Nacional de Taiwán.

"El problema de Fukushima no ha terminado", remarcó, refiriéndose al complejo atómico japonés dañado por el terremoto y el tsunami.

"La energía nuclear es el método más caro y riesgoso de generación de energía y si no tenemos una necesidad imperiosa, ¿por qué tenemos que crear tanto peligro y hacer que nuestra población viva con miedo?", preguntó Hsu. "Los taiwaneses nunca tuvieron la oportunidad de expresarse al respecto", añadió.

Más de 2.000 vecinos de la cuarta central nuclear, ambientalistas y figuras políticas de la oposición organizaron una manifestación la semana pasada bajo el lema "Amamos a Taiwán. No queremos desastres nucleares".

El presidente de Taiwán, Ma Ying-jeou, insistió en el buen estado de las tres plantas existentes y señaló que se terminará con la construcción de la cuarta, que generará 2.750 megavatios. Pero la apertura de las instalaciones se demorará, informaron varios funcionarios, quienes añadieron que se realizará una inspección total de las otras tres.

Tsai señaló que su propuesta apunta a iniciar un debate sobre "cómo podemos encontrar otras fuentes de energía para que Taiwán no tenga que depender de la alternativa nuclear en 2025".

La líder opositora pretende ser candidata de su partido a las elecciones presidenciales de principios del año próximo y competir con Ma.

"El desastre de Fukushima mostró que el peligro de las plantas nucleares es mucho mayor de lo que la gente cree y que la posibilidad de que ocurra algo similar en Taiwán es muy alta", declaró Tsai.

Seis de los 564 reactores nucleares en funcionamiento o cerrados del mundo tuvieron graves accidentes, indicó la presidenta del PDP. "Japón y Taiwán son zonas sísmicas y lo que ocurrió en ese país puede pasar aquí", arguyó.

"No hay forma de implementar un plan de respuesta para un episodio que causaría un daño incalculable a la salud de nuestra población y a nuestro comercio y economía", sostuvo Tsai. "Es un costo demasiado alto", añadió.

Las dos primeras centrales nucleares de Taiwán, ubicadas en el extremo norte de la isla, tienen dos reactores de agua en ebullición General Electric cada una. Taipower tiene una concesión para operar uno hasta 2018, el segundo hasta 2019, el tercero hasta 2021 y el cuarto hasta 2023.

La licencia para operar los dos reactores de agua a presión Westinghouse de la tercera central, ubicada en el extremo sur de Taiwán, vence en 2024 uno y 2025 otro.

Taipower solicitó al Consejo de Energía Atómica una renovación de la licencia por 20 años, lo que ampliará la vida operativa de las tres instalaciones.

La controvertida cuarta central nuclear, que se construye en la localidad de Yenliao, en Taipei en la costa nororiental de Taiwán, contará con dos avanzados reactores de agua en ebullición, uno comenzará a operar en diciembre de 2012 y otro, un año después.

De ahora hasta 2025 hay suficiente tiempo para un proceso de "revisión completa e integral" y para "crear un consenso social", indicó Tsai.

El año pasado hubo un margen de capacidad de reserva de energía de más de 23,4 por ciento, mientras las tres plantas nucleares existentes sólo produjeron 18 por ciento del total, según datos de Taipower.

"Aun si las tres centrales atómicas dejan de operar, habrá 5,4 por ciento de margen de reserva, mejor de lo que hubo de 1992 a 1995", añadió.

"Tenemos que estimular ese 5,4 por ciento y elevarlo a un 15 por ciento, lo que se considera un margen seguro para las economías más avanzadas como la de Taiwán", subrayó.

Tsai también llamó a la liberalización de la industria energética.

"Habilitar la competencia entre empresas privadas y Taipower estimulará la generación de energía de forma eficiente y eliminará una barrera al desarrollo de las fuentes renovables", arguyó.

"Espero que podamos evitar que se vuelva un tema de campaña pues tratamos de promover un diálogo con el partido gobernante pues es un asunto que afecta a todas las personas que viven en Taiwán", añadió.

Capacidad de Reserva de Energía


El ex ministro de Ambiente Chang Kuo-lung se opone a la ampliación de las licencias de operación de las tres plantas nucleares existentes y a agregar un nuevo reactor a las instalaciones.

También reclama una revisión integral de la seguridad de las tres plantas operativas y que se detenga de inmediato la construcción de la cuarta central, que según los activistas está "plagado de escándalos y flaquezas" y no podrá resistir un terremoto fuerte ni un tsunami.

Especialistas en materia energética, incluidos ex ministros, ofrecieron varios métodos para alcanzar una capacidad de reserva de energía de 15 por ciento. Entre ellas:

- Aumentar la incidencia de las energías alternativas del 6,5 por ciento actual previsto por el gobierno para 2025.

- Mejorar la eficiencia de las plantas de energía termal invirtiendo en sistemas más avanzados, agregando así 5,8 por ciento a la capacidad energética total, al reducir las emisiones de dióxido de carbono.

- Agregar nuevas plantas termales, mejor si funcionan con gas natural, para agregar más de 10 puntos porcentuales a la capacidad de generación energética general, sin aumentar demasiado las emisiones de dióxido de carbono.
Fuente: http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=97863

Negocio y basuras nucleares

La catástrofe de Fukushima ha avivado el debate nuclear, que podría racionalizarse bastante distinguiendo dos temas: uno, el uso de la energía nuclear en general, y otro, el empeño de sembrar de plantas nucleares la geografía española registrado hace 30 años, que frenó la actual moratoria.
Si pensamos en el uso masivo de la energía nuclear para abastecer a largo plazo a la especie humana, salta a la vista su inviabilidad. Las reacciones nucleares tienen su apogeo en el Sol o en lejanas estrellas en las que no existe ni un resquicio de vida. Por ello resulta contradictorio el afán de mejorar la vida en la
Tierra extendiendo en ella este tipo de reacciones (y sus residuos) cuya peligrosidad reclama un aislamiento tan perfecto como difícil de asegurar. En general, desencadenar reacciones nucleares cuyas temperaturas sobrepasan miles de veces las requeridas por los usos ordinarios (hervir agua, calentar una vivienda, etc.) se asemeja a matar pulgas a cañonazos. Y en particular, la actual “alternativa” nuclear se apoya en unos stocks de uranio que son todavía más limitados que los de petróleo y que, una vez utilizados, se trasforman en residuos radiactivos de larga duración.
La catástrofe de Fukushima ha venido a subrayar el conflicto fáustico propio de la civilización industrial, al evidenciar el horizonte de degradación que resulta de su empeño en utilizar energías que proceden de “echar a la caldera” stocks de uranio, petróleo u otros recursos planetarios y no del flujo solar y sus derivados renovables.
En el segundo tema mencionado hay que recordar que no son afanes altruistas, sino de lucro, los que mueven al lobby propagandista de la energía nuclear. Y que este lucro no resulta de producir electricidad por un procedimiento caro y problemático, sino de manejar e inflar los enormes presupuestos que requiere la construcción de plantas nucleares –véase Aguilera y Naredo (eds.) 2009 Economía, poder y megaproyectos, pp. 29-36–. Sólo la plena conciencia de que los grupos interesados en el negocio de la construcción de las centrales nucleares manejaron a las empresas eléctricas para hacer su negocio particular a costa de usuarios y contribuyentes impedirá que semejante extorsión vuelva a producirse.
 José Manuel Naredo es economista y estadístico

Radioactividad, las consecuencias de la contaminación

El primer ministro japonés, Naoto Kan, calificó hoy de “imprevisible” la situación de la planta nuclear de Fukushima Daiichi, que obliga a “no bajar la atención”.
Desde este sábado no llegan buenas noticias de Fukushima, donde los trabajadores de TEPCO, la empresa operadora, intentan desde el terremoto del 11 de marzo refrigerar sus seis reactores, pero cada día se enfrentan a una nueva dificultad.
El tsunami que generó ese seísmo de 9 grados Richter, con olas de hasta trece metros, destruyó el sistema eléctrico de la central que es necesario para enfriar sus reactores, que albergan peligrosas barras de combustible nuclear.
Los más recientes esfuerzos se centraron en tratar de drenar el agua radiactiva que inunda la zona de turbinas cerca de los reactores 1, 2 y 3, el último de los cuales preocupa especialmente por contener un combustible que mezcla uranio y plutonio, altamente tóxico.
El portavoz japonés, Yukio Edano, muy crítico con la gestión de TEPCO de la crisis, pidió vigilar la salida de plutonio al exterior de la planta y consideró probable que el material detectado provenga de barras de combustible fusionadas parcialmente.
El portavoz nipón indicó no obstante que las cantidades de plutonio halladas son las mismas que pueden encontrarse en el medio ambiente mientras, en Viena, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) señalaba que la composición de isótopo sugiere que procede de un reactor y destacaba también su escasa cantidad.
Para las autoridades japonesas, lo prioritario ahora en Fukushima es continuar lanzando agua sobre los reactores, para así tratar de refrigerarlos, y al tiempo drenar las zonas inundadas.

Un terremoto de 6,4 grados sacude de nuevo Fukushima

Un terremoto de 6,4 grados de magnitud en la escala de Richter hizo temblar este martes de nuevo el noreste de Japón y se sintió en Tokio, con epicentro en la costa de la provincia de Fukushima, donde se encuentra la inestable planta nuclear.
Según la Agencia Meteorológica de Japón, el seísmo ocurrió a las 19.54 hora local (9.54 GMT) y el epicentro se situó a poca profundidad bajo el lecho marino frente a Fukushima, una de las provincias más afectadas por el seísmo de 9 grados del 11 de marzo.
En algunos pueblos costeros de esa provincia el temblor tuvo una intensidad 4 en la escala japonesa de 7 grados, mientras en la mayor parte de la costa se sintió con un nivel de 3.
El terremoto volvió a sacudir toda la costa noreste nipona afectada desde el día 11 de marzo y también se sintió con claridad en la ciudad de Tokio, sin que por el momento se informara de daños.
Tampoco se han reportado daños en la central nuclear de Fukushima Daiichi, donde se lucha día y noche por refrigerar sus seis reactores, dañados por el terremoto de 9 grados Richter.
Desde el gran seísmo y posterior tsunami del día 11, que arrasó vastas zonas de la costa noreste, se han sucedido más de 700 réplicas en Japón, de ellas tres de más de 7 grados en la escala Richter, más de 60 superiores a 6 y unas 350 de más de 5 grados.

En Libia, el imperio se despierta

A lo largo de la historia, gobernar un imperio ha sido siempre algo más que la pura dominación económica y el ejercicio de la fuerza militar aplastante. Incluso un imperio moderno sin colonias como el que rige Estados Unidos requiere más finura que fuerza. La adaptación hábil a condiciones cambiantes es lo que hace que los imperios perduren. O como dice el viejo refrán, “no nadar contra corriente”. Finalmente, después de meses intentando desesperadamente situarse en el lado correcto de la historia únicamente con las palabras, puede que Estados Unidos tenga algunos nadadores en el agua. La intervención militar en Libia es una señal de que el imperio ha despertado de su letargo aparente. La fórmula para el despertar incluye un tábano dictatorial, una insurrección tal vez inoportuna y una generosa cantidad de petróleo.
Estados Unidos se está preparando en el norte de África y en otras partes de la región para la gran adaptación a la democracia árabe. Al no poder contar ya con una red de gobernantes autoritarios en la zona, la maquinaria diplomática que es el Departamento de Estado estadounidense se centra ahora en relacionarse con las nuevas fuerzas pro-democracia. La verdad es que Estados Unidos no estaba ligado exclusivamente a los Hosni Mubarak del mundo. Ha disfrutado de relaciones igualmente acogedoras con el aparato militar de cada país. Y este aparato, a diferencia del político, ciertamente no ha sido derrocado. Los ejércitos en el norte de África y en Oriente Próximo siguen siendo los mismos actores militares y económicos que eran antes de las protestas pro-democracia.
Lo podemos ver en Libia, donde el pacto faustiano de la oposición con Estados Unidos se ha extendido a las relaciones con el ejército egipcio. Armas egipcias sin duda con autorización estadounidense están fluyendo a través de Túnez hacia el este de Libia. Los vínculos entre los militares de toda la región representan un recurso importante para la adaptación de Estados Unidos a este proceso monumental de cambio. Hasta ahora, los militares en varios países han logrado poner límites reales a la magnitud de la transformación manteniéndola constreñida a cuestiones relativas a la representación política y a la forma de gobierno.
El proceso libio ha concedido a Estados Unidos incluso un mayor acceso al haber aprobado los rebeldes del este una campaña de bombardeos esencialmente liderada por Estados Unidos y destinada a debilitar las fuerzas leales al general libio Muamar Gadafi. De este modo, los rebeldes del este podrían estar a punto de aprender la dura lección de que las revoluciones no pueden ser subcontratadas. La intervención estadounidense tiene un precio, y la factura se pagará política, económica y militarmente. No hubo manera de escindir al ejército del régimen de Trípoli así que la intervención desde el exterior iba a ser con seguridad la principal estrategia una vez que la insurrección en el este estuvo en marcha.
Es evidente que Estados Unido está interesado en mejorar su posición estratégica en la región a la vez que en dar algo de sustancia a sus pretensiones en favor de la democracia. Otras naciones europeas, con algo más de mala gana, también han seguido imitando los mismos tópicos sobre la marcha. Sin embargo, ha sido el petróleo lo que realmente ha acelerado la política exterior de Estados Unidos moviéndolo desde las reclamaciones generales de democracia y libertad a una costosa intervención militar. La simple idea de un régimen de Gadafi militarmente victorioso haciendo proselitismo con grandes cantidades de petróleo ante los opositores económicos de Estados Unidos ha empujado a Obama a ponerse ya otra gorra de guerra. Mientras las calles árabes pueden haber cambiado el debate político en la región empujando a Estados Unidos en una dirección particular retóricamente, sigue siendo su petróleo lo que atrae la atención no deseada del Imperio.
Los rebeldes del este de Libia todavía pueden ganar el día. Puede que una insurrección quizá prematura y ciertamente mal equipada sea salvada de la aniquilación. La fuerza impresionante de las fuerzas armadas de Estados Unidos puede garantizar ese tipo de cosas. Sin embargo, si las transformaciones políticas del siglo XX sirven de alguna guía, cómo se gane puede ser tan importante como ganar. Cuanto más se acerque este movimiento del este de Libia a Estados Unidos menos independencia tendrá una vez que comience la transición política. Y, más tarde, cuando el petróleo comience a fluir de nuevo, vencerá el plazo de una factura colosal ¿Estarán dispuestos a pagarla los rebeldes? ¿Y a qué coste para sus sueños políticos de democracia?
Billy Wharton escritor, militante y editor de Socialist WebZine.

Otra vez el engaño de los rescates

¿Ahora Portugal?

En otros artículos referidos al caso español traté de poner de relieve que cuando se habla de "rescatar" a un país se produce un gran engaño que es imprescindible tratar de desvelar.
Ahora ocurre lo mismo con Portugal cuando las autoridades europeas y los llamados "mercados", en realidad los grandes grupos financieros y empresariales, insisten para que el gobierno portugués solicite que su país sea "rescatado".
Generalmente, cuando se habla de "rescatar" a un país se parte de una situación real y de gravedad que suele manifestarse en un gran endeudamiento que dificulta o impide hacer frente a los compromisos de pago adquiridos. Sin embargo, cuando esto ocurre se produce un engaño muy bien orquestado en relación con las razones, los problemas, las soluciones y los efectos de la operación que se desea llevar a cabo.
El primer engaño suele darse sobre la naturaleza de los problemas que padece el país al que se dice que hay que "rescatar". Ahora, como en los caso griego o irlandés recientes, se afirma que Portugal tiene un grave endeudamiento público derivado del crecimiento desbordado de sus gastos que le obliga a recurrir a un cuantioso préstamo para liquidar con él sus deudas. No es del todo cierto, como señalaré enseguida.
El segundo engaño se deriva del anterior. Para que el "rescate" sea útil se afirma que debe ir acompañado de medidas que resuelvan el problema que originó la situación que se quiere resolver y que, por tanto, deben consistir, principalmente en recortar el gasto. En consecuencia, los que dan el préstamo para "rescatar" al país, en este caso Portugal, imponen políticas consistentes en recortar cualquier tipo de gasto público y en especial el que está vinculado con las actividades que dicen que el sector privado puede llevar a cabo más eficazmente, es decir, con los servicios públicos (otro engaño más porque no es seguro que lo haga mejor y sin embargo es inevitable que el capital privado lo proporcione más caro y a menos población), o el que se considera improductivo, como el sueldo de los funcionarios, por ejemplo.
Al mismo tiempo se engaña también afirmando que el resultado del rescate será el mayor incremento de la actividad y de la creación de empleo y que, por tanto, gracias a él las aguas de la economía volverán a su cauce anterior e incluso a un nivel mucho más satisfactorio de rendimiento económico.
Desde que en los años ochenta se empezaron a producir "rescates" en economías de América Latina hemos podido ver cómo acaban este tipo de operaciones (con menos actividad, empleo y desigualdad y con más pobreza) y analizando la situación de los países que han sido o que van a ser "rescatados" podemos comprobar sin demasiada dificultad la naturaleza de este engaño.
Los problemas económicos que tiene Portugal no son exactamente el resultado de que haya habido mucho gasto público, de endeudamiento público. Es verdad que el déficit ha aumentado mucho en los dos últimos años pero eso se ha producido como consecuencia de la crisis que han provocado los bancos y de que se haya impuesto una respuesta a ella basada justamente en salvarlos a costa de un precio extraordinariamente alto. De hecho, el gobierno portugués, siguiendo directrices y ejemplos europeos y la presión de los propios poderes financieros, llegó a nacionalizar bancos en operaciones que le costaron muy caro.
Pero ni siquiera eso es lo que provoca los problemas más agudos de la economía portuguesa. Su problema más grave no es el endeudamiento público sino el exterior y éste se viene produciendo en los últimos años no precisamente porque haya habido despilfarro público sino como consecuencia de las políticas neoliberales que han destruido su riqueza productiva, su industria y agricultura y que le han cercenado las fuentes de generación de ingresos ya de por sí débiles. Como en tantos otros países, han sido estas políticas generadoras de escasez en aras de salvar el beneficio de los grandes grupos oligárquicos y que han obligado a Portugal a vender sus mejores activos productivos al capital extranjero, las que han destruido tejido industrial y producción agraria y las que así han provocado un debilitamiento de su capacidad de crear empuje económico, de su competitividad y, como consecuencia de ello, el incremento de la deuda exterior.
La realidad es que las políticas neoliberales auspiciadas por la Unión Europea han significado un corsé letal para la economía portuguesa y que han ido produciendo en los últimos años un incremento del desempleo y de la pobreza que se ha tratado de disimular, entre otras medios, gracias a que el dominio de los grandes medios de comunicación está cada vez más en manos de esos mismos capitales extranjeros.
Y cuando la crisis ha estallado y cuando el gobierno ha asumido la carga extraordinaria del salvamento bancario, así como cuando ha sufrido mayor merma de ingresos y aumento de gasto para evitar el colapso de la economía, es cuando la situación se ha hecho ya insostenible.
Por tanto, es mentira que el "rescate" sea obligado porque la economía portuguesa sufra debido al endeudamiento público. Si se viene encontrando cada vez más debilitada es por otro tipo de razones.
Y aquí viene otro engaño especialmente peligroso. Las medidas que necesita Portugal para salvar su economía no son las encaminadas a reducir el gasto sino a cambiar el tipo de políticas que le vienen ocasionando pérdida de ingresos, de actividad y de empleo y una desigualdad cada vez mayor, que ha hecho que las rentas en aumento de las clases ricas se hayan dedicado a la inversión financiera o inmobiliaria especulativas que han dado grandes beneficios a bancos también extranjeros, entre los que destacan los españoles, pero que han acumulado mucho riesgo y ha creado una base cada vez más volátil y débil para la economía portuguesa, como ahora se puede comprobar.
El siguiente engaño tiene que ver con los efectos benéficos que dicen que tendría el "rescate".
En contra de lo que afirman los voceros de los grandes grupos financieros que lo desean, si a los problemas reales que acabo de mencionar se añade ahora, como quieren los que se disponen a "rescatar" a Portugal, recortes en el gasto, disminuciones de salarios y en general políticas que van a producir disminución de la demanda, lo que ocurrirá será que la economía portuguesa se encontrará aún peor porque todo ello solo va a provocar una caída del consumo, de la inversión y del mercado internos y, por tanto, menos actividad y menos empleo.
La realidad es que el "rescate" de Portugal, tal y como se daría allí siguiendo la línea de otros tantos anteriores (un préstamo muy cuantioso para que Portugal pague las deudas acompañado de medidas restrictivas y de recorte de derechos sociales y de gasto) no va a salvar a su economía. Es mentira que este tipo de operaciones rescaten a los países. Esto es solo un último y definitivo engaño: de lo que se trata no es de salvar o rescatar a un país sino a los bancos, principalmente, y a los grupos más ricos y poderosos, puesto que lo que se hace con el rescate es poner dinero para que ellos cobren sus deudas y obligar a que la sociedad cargue con la factura de la operación durante años.
Tan cierto es esto que resulta fácil y patético comprobar que son precisamente estos grupos financieros y las autoridades europeas que le sirven los que se empeñan en convencer a las portuguesas de que soliciten el "rescate", una buena prueba de quiénes son de verdad los que se beneficiarán de él.
Y esto pone sobre la mesa una última cuestión. Un engaño no menos importante. Quizá el peor. El que tiene que ver con el tipo de régimen político en el que vivimos y en el que los electores, los ciudadanos, no podemos decidir realmente sobre las cuestiones económicas.
Lo llaman democracia pero a la vista de lo que viene sucediendo está cada vez más claro que no lo es porque se nos ha hurtado la posibilidad de decidir sobre las cuestiones económicas que evidentemente son una parte central de las que directamente afectan a nuestra vida. Y es justamente por ello que hemos de hacer todo lo que esté en nuestras manos para tratar de cambiarlos. Eso sí que sería un verdadero rescate. Lo demás es otro robo.

Exclusión aérea, el confuso nombre de la guerra libia

Los fantasmas balcánicos de la década de 1990 están de regreso: zonas de exclusión de vuelos, la guerra humanitaria de Washington, Europa y la ONU, las garantías de que no se desplegarán tropas estadounidenses y una ofensiva aérea que por sí sola no puede alterar lo que pasa a ras del suelo. Con los términos leguleyos con los cuales la comunidad internacional reconoce con repugnancia que una guerra está en marcha, la ONU (Organización de las Naciones Unidas) resolvió proteger a los civiles y crear un "cordón sanitario" en torno del país apestado, en este caso Libia.
Pero hay demasiados ecos de las terribles guerras de la partición de Yugoslavia, cuando se instauró la idea de que se podía bombardear una población con fines humanitarios.
El lenguaje de la guerra liberal puede fluir tan suavemente como el crudo ligero de los yacimientos libios, pero esta vez incluso los más creyentes parecen haberse quedado sin gasolina.
Pocos críticos se han molestado siquiera en señalar la selectividad obvia de la medida tomada contra Libia.
Cuando el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dijo que la comunidad internacional no podía permanecer pasiva ante el brutal ataque de un tirano contra su pueblo, se refería específicamente a uno, el líder libio Muammar Gadafi.
Y el Consejo de Seguridad de la ONU ofreció su beatífica protección sólo a algunos civiles libios, pero no a los sirios, yemeníes, palestinos ni bahreiníes. Mucho menos a los que sufren violencia en Costa de Marfil, Zimbabwe o en tantos otros lugares.
La idea de la guerra liberal –la del uso de la fuerza con fines humanitarios—continúa confundiendo a la opinión pública, sustentando los términos oficiales del debate en los foros internacionales, especialmente en Europa occidental, y delineando las operaciones militares extranjeras en Libia.
Negar la guerra: el arte del eufemismo
La guerra liberal es útil, sobre todo para los "buenos europeos", porque desmiente que se trate de una guerra. Es una zona de exclusión de vuelos para proteger los derechos humanos.
Si bien resulta obvio que los comandantes de la coalición occidental se han sumado a los rebeldes libios en su guerra contra el régimen de Gadafi, se ven obligados a simular que no es así. Con modales educados, informan a las fuerzas de Gadafi dónde deben reagruparse para evitar ser destruidas.
En esencia, aunque sin decirlo, el mensaje a Gadafi es que debe dejar de defenderse de quienes quieren derrocarlo. Pero permítasenos preguntar por qué no es posible hablar con más franqueza. ¿Por qué hay que hablar de la guerra con eufemismos liberales?
La guerra liberal tiene una contradicción central entre la gran retórica –la humanidad, la inocencia, la maldad— y la limitada responsabilidad que se expresa en la ausencia de tropas terrestres y las patéticas legiones de fuerzas de paz de la ONU.
En las guerras justificadas primordialmente por fines altruistas, los líderes elegidos de las democracias occidentales invierten sabiamente –si les conviene—la sangre, o los dólares, de sus ciudadanos.
El arma elegida es el poderío aéreo y el costo es la incoherencia estratégica. Ante la ausencia de una política sobre el terreno, las fuerzas aéreas se limitan a explotar cosas, revisar los resultados y dar vueltas por ahí. Si otros factores no se modifican, el resultado más probable es un callejón sin salida.
Pero lo más pernicioso es la forma en que la guerra liberal determina el entendimiento de los conflictos, mediante una prestidigitación digna de admirarse.
Una obra dramática
En esta obra, hay espacio para dos actores protagónicos: el interventor humanitario –casi siempre la comunidad internacional conducida por Occidente— y el perpetrador bárbaro, un reparto cambiante y selecto de líderes, regímenes y grupos étnicos.
Así, como por arte de magia, países y pueblos reales con historias imbricadas se convierten en personajes de una pieza moralizante, estereotipos básicos cuya conducta obedece a características innatas.
El melodrama viene en varios sabores, y de ningún modo Occidente termina siempre bien al final. Pero sus términos se establecen de un modo fascinante: intereses e ideales, tragedia y política, parálisis burocrática y carisma.
La memoria histórica es una baja tan inmediata que nadie la nota. Estados Unidos peleó en 1801 su primera guerra en lo que hoy es Libia contra los reinos berberiscos de Marruecos y Trípoli, entonces vasallos del Imperio Otomano, también con la justificación de razones humanitarias, bien asentadas en intereses comerciales.
Cegados una y otra vez por los cuentos de los occidentales bienintencionados y los nativos violentos, nos resulta imposible ver las historias compartidas y conexas que condujeron al actual conflicto y en las cuales se sitúan los libios, los occidentales y otros pueblos.
Libia obtuvo su independencia como reino hace sólo 60 años, teniendo a Estados Unidos y Gran Bretaña como patrones que le suministraban dinero y armas a cambio de petróleo y estabilidad.
Como en otros lugares, entonces y ahora, esa combinación generó el resentimiento popular y suministró el caldo de cultivo para que surgieran alternativas políticas que Gadafi supo aprovechar.
La feria de atracciones
Gadafi, en el poder desde 1969, funciona muy bien como personaje de una feria de atracciones, pero sus orígenes se encuentran en las historias compartidas de Occidente con el resto del mundo.
En los últimos años, la guardia costera y la policía fronteriza de Gadafi, entrenadas y apoyadas por la Unión Europea, eran muy valoradas por los "buenos europeos" pues ayudaban a mantener lejos a los inmigrantes africanos.
El último servicio de la guerra liberal es colocar la fuente de la violencia en los nativos, en los pueblos atrasados del mundo no europeo, y no en los occidentales que los explotan, los invaden, los ocupan y los bombardean.
Si nos guiamos por la retórica oficial, el problema de Iraq y de Afganistán tiene que ver con prejuicios religiosos y étnicos de poblaciones que siguen matándose irracionalmente entre sí, mientras los soldados occidentales intentan amablemente modernizarlas.
El gran costo de la guerra liberal es la claridad. Occidente corre el riesgo de crear una situación en la que no puede derrocar a Gadafi por sí mismo, pero tampoco permite ni habilita a que lo hagan los rebeldes.
Para llevar adelante su lucha, Gadafi puede apelar a escuadrones de la muerte y a francotiradores. Pero, como en Bosnia-Herzogovina y Kosovo, suministrar armas o permitir el ingreso de combatientes voluntarios árabes violaría la supuesta neutralidad de la intervención humanitaria.
La guerra no es un cuento moralizante, sino un violento abrazo mutuo. Una reflexión seria debe comenzar por admitir que Occidente es una de las partes combatientes, y la ética de la responsabilidad exige ver más allá de las seducciones del liberalismo.
Tarak Barkawi es profesor de estudios internacionales de la Universidad de Cambridge, especializado en la guerra, las fuerzas armadas y la sociedad, así como en el conflicto entre Occidente y el Sur global.
Fuente: http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=97859