Palabre-Ando
Hace unas semanas, coincidiendo con el Día Mundial de la Alimentación, se nos
alertó de una nueva subida de precio de los alimentos, con repercusiones que ya
se contabilizan en los registros funerarios de los países más vulnerables,
sobretodo en el Sahel. El argumento difundido, las malas cosechas que tuvo la
agroindustria este año en Estados Unidos, ya sabemos que es mitad mentiroso,
mitad incompleto, y por suerte la información se nos amplia y las verdaderas
causas afloran: el precio de la materia prima sube -como en las anteriores
crisis alimentarias- por (a) las grandes cantidades de cereales que se destinan
a elaborar combustibles (¿recuerdan hace seis y siete años cuando se advirtió de
los inconvenientes de esta nueva tecnología?); (b) por la especulación que de
las futuras cosechas se hace en las bolsas financieras; y (c) -esto es más
novedoso- por la cada vez mayor cantidad de tierra fértil que está pasando de
las manos campesinas al patrimonio de bancos, empresas y fondos de
inversión.