Tensión en los mares de China
El Viejo Topo
La geografía siempre ha determinado una parte del horizonte y del destino de los
grandes países de la tierra. En este siglo XXI, el constante fortalecimiento
chino es asumido como inevitable por la mayor parte del mundo, y se ha
convertido en la principal preocupación estratégica de Estados Unidos. Entre los
numerosos aspectos donde se dirime la rivalidad de las dos principales potencias
mundiales, que van desde su peso económico y sus recursos hasta su fuerza
militar, destaca, por su importancia, el acceso y control de las rutas
comerciales y la capacidad de cada país para entorpecer el desarrollo de su
rival. Esa cuestión está unida también al abastecimiento de hidrocarburos, a la
capacidad para exportar y abrir nuevos mercados, al mantenimiento de la
estabilidad política en muchas zonas sensibles y al diseño de una estrategia
militar que, para Estados Unidos, se centra en el llamado “retorno a Asia”
(véase “Asia, en el año del dragón”, El viejo topo, marzo 2012, y en
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=147803)
y en una poco disimulada ansiedad por dificultar el ascenso chino. Así, Estados
Unidos tiene costas a dos grandes océanos, extensas fachadas marítimas y un
fácil acceso a todas las rutas comerciales, tanto en el Atlántico como en el
Pacífico. China, en cambio, aunque cuenta con otras ventajas, no dispone de una
fachada marítima semejante, y su parte más oriental está bañada por tres mares
menores, aunque no desdeñables; tiene, además, una mayor dificultad para el
acceso a los mares abiertos y a las aguas internaciones por la presencia de
numerosos países en su frente marítimo, y posibles riesgos por la red de
tratados militares que unen a países de la zona con Estados Unidos.