Un gobierno de cleptocracia institucionalizada
De cómo Bagdad se ha convertido en un nido de corrupción
Los iraquíes no son ingenuos. Experiencias penosas con gobernantes de su país durante los últimos cincuenta años han conseguido que muchos piensen de aquéllos que son egoístas, avariciosos, brutales e incompetentes. Hace diez años, algunos confiaban en poder escapar de un estado permanente de emergencia cuando EEUU y Gran Bretaña se preparaban para derrocar a Sadam Husein. Otros recelaban de los iraquíes que volvían del extranjero y prometían construir una nueva nación.