miércoles, 6 de julio de 2011

Prisioneros como en la guerra

Corfú, 4 de julio de 2011. John Klusmire, capitán del barco estadounidense Audacity of hope [Audacia de la esperanza], sigue en la cárcel. Ningún representante de la Embajada de EE.UU. ha ido a verlo, ni siquiera lo ha solicitado hasta el momento de escribir este artículo. Por otra parte, parece que el trato que le están dando  las autoridades penitenciarias griegas es especialmente duro, señal de que este barco dedicado a Obama -en el que de unas 52 personas que esperaban embarcar al menos 30 son ciudadanos de EE.UU. de religión judía, y muchos de ellos son ancianos- en realidad es considerado como un peligroso foco de terroristas de Hamas. A las 18:00 de ayer el barco canadiense anclado en Creta -donde la víspera se le había negado el permiso para zarpar rumbo a Rodas- se hizo a la mar, pero al cabo de 20 minutos fue abordado por la guardia costera griega y le obligaron a regresar. De hecho, los barcos de la "Flotilla de la Libertad" son secuestrados en virtud de un artículo del Código de Navegación griego aplicable sólo en caso de guerra o emergencia nacional. Y es que los pacifistas llegados de medio mundo se han hallado ante una guerra. Pero no de esa que anunció el almirante israelí Eliezer Maron frente a las costas de Gaza que se habían preparado para afrontar de modo absolutamente pacífico, sino ante una guerra de desgaste que consistía, primero en trabas burocráticas antes de la partida, y luego en una guerra declarada oficialmente por parte de Grecia a partir de la aplicación de leyes de emergencia que suspenden el derecho internacional y europeo.

Que el asedio israelí a la Franja de Gaza se ha extendido desde la costa mediterránea de Oriente Medio a la europea ya no es sólo una metáfora sino un hecho objetivo. Activistas de la flotilla se están movilizando aquí y en sus países de origen con el fin de que este ataque a la libertad de circulación de personas y mercancías sin precedentes en la historia reciente de Europa se denuncie en toda su gravedad. Hasta ahora al gobierno griego le han llegado sólo notas de protestas de los gobiernos irlandés y francés. Este último reitera su desacuerdo con la misión de la "Flotilla de la Libertad", pero solicita respuestas ante la adopción de medidas desproporcionadas para detenerla.

Mientras tanto, desde Tel Aviv, el ministro de Exteriores Lieberman agradece oficialmente a los gobiernos europeos la cooperación que le han brindado cortésmente a Israel. Un agradecimiento que debería sonar a burla de la dignidad institucional de los gobiernos que se han doblegado a las presiones y chantajes israelíes, hasta el punto de sacrificar a los intereses de Israel el derecho de sus ciudadanos y de un Consejo europeo incapaz aún de hacer valer su voz ante tales violaciones. 


Aquí en Corfú hay amargura en los ojos de los pacifistas. Algunos se están preparando para marcharse, otros se quedarán todavía, ya que, aunque por el momento parece casi imposible que los barcos puedan navegar para llegar a la meta que se había fijado, la Coordinación internacional de la Flotilla ya está organizando nuevas iniciativas para mantener alta la atención sobre el drama de Gaza, que cada vez está más aislada. Realmente cabe confiar en que este asunto tenga por lo menos el efecto de dejar claro ante los ojos de la opinión pública mundial el nivel de connivencia, complicidad y vasallaje que refuerza la convicción de impunidad con la que el gobierno israelí cuenta con proseguir su política de represión ciega y violenta de los deseos de libertad de la población palestina.

Acabo con estas pocas líneas mi "diario de a bordo", que no he podido escribir a bordo de esta nave. Está claro que no se cierran aquí las páginas de solidaridad activa, respaldo humano y movilización por el pueblo de Palestina. Que el viento del mar que la Flotilla de la Libertad 2 no ha podido surcar las reabra de par en par empeñándose en narrar la paz posible.

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