lunes, 6 de febrero de 2012


La burguesía burocrática de América Latina



"Un hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo
Eduardo Chillida
En anterior y reciente artículo1, presentamos una clasificación de nuestros países por el peso específico que tienen tres formas diferenciadas de burguesía en el bloque de poder oligárquico. Ellas son: la financiera trans-nacionalizada, la industrial y la burocrática. Insistíamos en la necesidad de que los trabajadores nos organicemos con independencia dentro de las corrientes democráticas y nacionalistas que están en pleno desarrollo en la región.

Es clara y evidente la función de la burguesía transnacional. Es cabeza de playa de los imperios pero – ahora –, con gordas y visibles acciones en los negocios del momento: la explotación agresiva de los recursos naturales de la región y la reprimarización de nuestras economías. Es una versión moderna de la oligarquía colonial de los siglos XVI, XVII y XVIII.

El papel de la burguesía industrial es igualmente visible. Se alía con los trabajadores y el pueblo en aquellos países en donde es fuerte. Trata de ser la Gran Burguesía a la cabeza de la Nación Latinoamericana. Si es consecuente – y pareciera que la brasileña y argentina están en esa vía –, los trabajadores podríamos avanzar. Se requiere tener clara la estrategia y el control sobre el proceso. De lo contrario, llevaríamos agua al molino de los “diablos capitalistas” disfrazados de “ángeles socialistas”. Ya ocurrió en la URSS, China y demás. Es comprobable, verificable.

Y aquí es donde entra a jugar la burguesía burocrática. Ésta ha tenido un peso sustancial y determinante en México, Colombia, Perú, Paraguay y toda Centroamérica, dado que su herencia colonial se soporta en su enorme control “estatal-burocrático” y en una cultura de la “cortesanía”. Ésta se construyó con base en una actitud servil surgida del contubernio2 entre las élites españolas y algunas cúpulas indígenas americanas “imperiales” (incas, aztecas, muiscas).

La naturaleza de la burguesía burocrática
Es muy importante que los trabajadores y los pueblos identifiquemos la naturaleza de éste sector de clase. Su especialidad es el camuflaje. Es “nacionalista” cuando le conviene: México a finales del siglo XIX y la primera parte del XX. Es entreguista cuando los imperios la utilizan a sus anchas: caso de las dictaduras en Cuba, Nicaragua y Venezuela. O posa y aparenta de “anti-neoliberal”, cuando la gran burguesía afecta sus intereses: el primer gobierno de Alan García en el Perú (1985-1990) o el gobierno de Ernesto Samper Pizano en Colombia (1994-1998).

Hoy ésta burguesía burocrática se encuentra al acecho. Sabe que la burguesía trans-nacionalizada está dispuesta a reducirla a su mínima expresión. Entiende que con la burguesía industrial no tiene nada qué hacer. Por ello se camufla de “revolucionaria” y ya busca un puesto de mando en algunos de los procesos de cambio en Sudamérica.

En aquellos países en donde las corrientes democráticas están acumulando fuerza (México, Colombia, Perú, Paraguay, Honduras) es muy importante tener claridad sobre el comportamiento de ésta clase social. No tener lucidez sobre su funesto papel puede llevar a cometer errores como los que tienen al PDA en Colombia enfrentando un momento crítico de su existencia.

La esencia y existencia de ésta clase se basa en el uso patrimonial de los recursos del Estado. La corrupción política y administrativa son sus principales herramientas. Pero vive también de la intermediación comercial y financiera. Por ello se imbrica, se encaballa – se superpone parcialmente –, con los otros sectores de la burguesía, y cuando está en graves dificultades se coloca la camiseta del nacionalismo y la defensa del “estatismo”.

No es casual que en éste instante la burguesía burocrática – sobre todo en México y Colombia – estén en la tarea de reconstruir sus partidos históricos, el Partido Revolucionario Institucional PRI, y el Partido Liberal, respectivamente. Ella ofrece resistencia, parece dar sus últimos aleteos pero, en medio de los estertores de la muerte se corre el peligro de infestación. Es una peste.

Uno de los problemas más graves para el futuro de las luchas democráticas y nacionalistas en América Latina – sobre todo para que se desencadenen transformaciones estructurales en nuestras sociedades –, consiste en que la burguesía burocrática ha logrado influir en amplios sectores de los trabajadores del Estado y de trabajadores “centralizados” de sectores estratégicos de la economía, con su espíritu “economista” del privilegio, donde se confunde la salvaguardia de sus derechos con la defensa de perversiones burocráticas como la ineficiencia y la corrupción.

Es por ello que los procesos de cambio de Venezuela, Ecuador, Bolivia han encontrado graves dificultades para avanzar en sectores como la educación y la salud. Sucede a menudo que con el argumento de la lucha contra “la privatización”, las cúpulas de los gremios sindicales tratan de engañar a sus bases y a las masas para seguir amparando las herencias de un período de la vida institucional en donde un sector de los trabajadores se dejó sobornar por la burguesía burocrática.

Por ello, los procesos de cambio que han triunfado con contundencia han tenido como banderas fundamentales – así sean tácticas – la lucha contra ese sector burocrático, mientras que en donde se han pretendido alianzas con éste sector, la revolución ha fracasado. Mucho más ahora cuando la población reclama un fuerte espíritu ético en el ejercicio de la política.

De no aclararse la actitud frente a éste sector de clase, su presencia en las revoluciones democrático-nacionalistas se nos va a convertir en una especie de talón de Aquiles. La independencia de clase es fundamental para sortear sus amagues, trampas y vacilaciones, que como todo vicio se prende “sin querer queriendo”. 

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