El gran secreto del otro paraíso
El Telégrafo
¿Qué diríamos si un asesino escondiera su arma en una embajada? Sería una ofensa contra nuestro país. Sin embargo, eso es lo que a diario hacen en el mundo los evasores de impuestos o, peor aún, los malversadores de fondos públicos. Esconden el dinero robado a los programas sociales que salvan y mejoran la vida de los pueblos. ¿Dónde? En los paraísos fiscales, cuyos gobiernos anteponen su codicia a la solidaridad entre naciones.