miércoles, 12 de septiembre de 2012

El Salvador enfrenta diariamente el poder de las maras

La Opinión

En San Salvador, la policía informa que hay unos 10,000 miembros de las pandillas Barrio 18 y de MS-13 en la cárcel. El resto está en las calles y mantienen un fuerte control en los vecindarios pobres del país, entre ellos el poblado cercano de Las Colina, donde se encontraron los cinco escolares.
En Mejicanos, inmediatamente fuera de la capital de San Salvador, los mensaje de graffiti en las calles anuncian que la pandilla MS-13 es “el poder”. Todo aquel que entra a la pandilla debe obedecer sus reglas. Las pandillas rivales se mantienen alejadas y la policía solamente se aventura a ingresar en estos lugares con la ayuda de equipos especializados y durante la noche.

Una vez que la persona ingresa, los pandilleros salen de su escondite. A los que se reconoce se les permite la entrada. Se rodea a los extraños, se los registra e interroga, luego se les ordena que paguen para seguir adelante.

“Para poder vender sus productos, los tenderos deben pagar una tarifa mensual. Si lo hacen, sobreviven, pero siempre los están observando”, afirma Juan Escobar, vendedor de refrescos. “Si quieren refrescos, hay que dárselos, de lo contrario se enfadan”.

Los vecinos afirman que hay menos asesinatos pero que la sensación de miedo continúa dominando las calles.

“Sí, es cierto que algunos asesinos cayeron, pero nos preguntamos cuánto durará la tregua”, señaló Domitila Martínez, de 53 años, vendedora callejera de Quezaltepeque, una de las áreas de mayor actividad pandillera, ubicada a unos 30 kilómetros al noreste de San Salvador.

“No puedo hablar mucho, podrían matarme; ustedes no saben cómo son. Nosotros, los civiles, nos encontramos atrapados entre las pandillas y hemos aprendido a sobrevivir”.

Según la tregua, los cabecillas de las pandillas que están encarcelados con sus miembros pueden recibir ‘visitas íntimas’ en la cárcel, tienen TV plasma en las celdas y se comunican libremente con el mundo exterior.

Joel Nehemias Escalante Quevedo, alias “La Rata”, es uno de los cabecillas de la pandilla Barrio 18 y AP lo entrevistó en la cárcel de Quezaltepeque en San Salvador. Dijo que la idea de la tregua surgió después de que 13 personas murieran cuando los miembros de MS-13 comenzaran a disparar contra un autobús y luego lo incendiaran.

La violencia estaba escalando a niveles incontrolables, dijo, “porque nuestra gente anda por las calles sin control alguno”.

Los informes sobre la tregua en El Salvador hicieron que Barrio 18, que opera tanto en Guatemala y Honduras, se pusiera en contacto con sus compañeros en El Salvador, con la intención de obtener un acuerdo semejante.

“Lo que hicieron en El Salvador es bueno y estamos buscando replicarlo”, dijo un pandillero que se encuentra en una cárcel de alta seguridad en Tegucigalpa. Pidió que no se usara su nombre por temor a las represalias.

Los críticos de la tregua afirman que no les causa sorpresa el interés de los pandilleros, ya que les permite a las pandillas a consolidar su poder dentro de las cárceles.

Poco después de aceptar la tregua, las pandillas declararon las escuelas “zonas de paz” y prometieron no reclutar en esos lugares.

Oscar Luna, procurador general de derechos humanos, dijo que hubo un descenso en la cantidad de estudiantes asesinados. Hasta el 22 de junio, la Policía Civil Nacional informó que hubo 41 estudiantes asesinados, en comparación con 74 casos durante el mismo período en el año 2011.

“La violencia todavía afecta a la sociedad a un nivel alarmante, particularmente a los niños, adolescentes y jóvenes”, señaló Luna.

Las leyes salvadoreñas prohíben publicar los nombres de las víctimas de violencia que son menores de edad, por lo tanto, los niños encontrados en la fosa común fueron identificados solamente por su primer y segundo nombre: Kevin Alexis, 15; Jonathan Alexander, 16; José Roberto,16; Fernando Alexander, 18; y Jonathan B, 18.

Los últimos dos eran hermanos y fueron vistos por última vez saliendo de la Escuela Unión Centroamericana por la tarde, en una zona de mucha actividad en el vecindario de Santa Tecla, ubicado al oeste, en las afueras de la capital, informaron las autoridades.

Las puñaladas múltiples que sufrieron en las manos y brazos sugieren que intentaron defenderse, dijo José Miguel Fortín, director del Instituto de Medicina Legal.

La autopsia también determinó que las víctimas habían sufrido golpes en el cuello, cabeza y cuerpo, afirmaron las autoridades.

“Nunca pensé que mi hijo terminaría así”, lloraba una madre, mientras se sentaba junto a la fosa común en una colina. “Tenía grandes expectativas para mi hijo, iba a estudiar y a tener una vida mejor. Nunca tuve problemas, era un chico bueno”.

Se negó a dar su nombre por miedo a las represalias de la pandilla. “No entiendo a esta gente”, dijo. “Son unos bestias”.

Fuente: http://www.contrainjerencia.com/?p=53147

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