viernes, 18 de marzo de 2011

La guerra del terror de Obama

No podía venir en mejor momento para el gobierno de Obama la última versión de la caza de brujas contra los musulmanes estadounidenses orquestada por el congresista Peter King. Parece que King se encuentra en su salsa haciendo declaraciones incendiarias -como su infundada afirmación de que “entre el 80 y el 85 por ciento de las mezquitas en este país están controladas por fundamentalistas islámicos” que son “un enemigo que vive entre nosotros”- y su intervención en la próxima sesión del congreso sobre la radicalización de los musulmanes estadounidenses promete ser más de lo mismo. Por el contrario, el 6 de marzo Obama envió a Denis McDonough, su viceconsejero de seguridad nacional, a una mezquita en Virginia, en donde aseguró a los musulmanes que “no estigmatizaremos ni demonizaremos a comunidades enteras por el comportamiento de unos pocos”. De ese modo se ha establecido la siguiente dialéctica: King y los de su calaña son los malvados antimusulmanes mientras que el gobierno de Obama es el amigo de los musulmanes, la cara de un estado más racional, menos prejuicioso. La realidad, no obstante, es más sombría. Obama firmó un decreto el 7 de marzo que establece un sistema de detención indefinida para docenas de los 172 detenidos que quedan en Guantánamo, todos ellos musulmanes, y anunció la reanudación de los juicios militares. Este decreto es un golpe que entra en directa contradicción con uno de sus primeros actos en el cargo, una atrevida directiva que ordenaba el cierre de Guantánamo. Pero ante el continuado acoso por parte de los repúblicanos a su plan para juzgar a los detenidos en tribunales civiles, Obama está tratando ahora de resolver los casos de Guantánamo por la vía de legalizar las mismos tácticas y abusos de poder que le valieron implacables condenas al gobierno de Bush. Ni que decir tiene que fue King el que elogió el decreto de Obama porque “confirma la política del gobierno Bush de que tenemos el derecho de detener a los terroristas peligrosos hasta el cese de las hostilidades”.
Y no es sólo a Guantánamo donde Obama ha extendido las políticas de “la guerra contra el terrorismo” de la era Bush. Como Alia Malek documenta en este número de The Nation, en las Unidades de Gestión de las Comunicaciones (CMU), dependientes del gobierno federal, de Marion, Illinois y de Terre Haute, Indiana, los prisioneros son objeto de trato violento y se les restringe, al borde de la legalidad, casi cualquier contacto con el exterior. Establecidas por el gobierno de Bush para albergar detenidos vinculados con el terrorismo, las CMU han ampliado su ámbito con Obama hasta el extremo de poder albergar potencialmente a cualquier preso. Se han usado caprichosamente para aislar de cualquier contacto con el exterior a prisioneros que no tienen vinculación alguna con el terrorismo o cuya única conexión se basa en el engaño o en una peligrosa y dudosa extensión, por parte de los fiscales, del concepto de “apoyo material”. En algunos casos, las restricciones del CMU parece que se han aplicado como represalia por las denuncias presentadas contra funcionarios de la prisión o meramente por las creencias políticas o religiosas de los internos (la mayoría de los reclusos de las CMU son musulmanes).
Para rematar la faena tenemos el vergonzoso trato al que se está sometiendo al soldado de primera Bradley Manning, el supuesto filtrador de muchas de las revelaciones de Wikileaks. Encarcelado en una prisión militar desde julio en Quantico sin juicio, Manning ha sufrido severas restricciones: imposibilidad de comunicación con el exterior, privación del sueño y aislamiento forzoso -tácticas éstas refinadas por los expertos en tortura del gobierno de Bush. Ultimamente se ha forzado a Manning a dormir desnudo y a presentarse de tal guisa a la inspección diaria con el argumento de que podría usar su ropa interior para suicidarse, aunque los psiquiatras del ejército se han negado a diagnosticar que Manning se encuentre en riesgo de cometer suicidio.
Muchos han afirmado que el trato dado a Manning no es más que un intento de que se vuelva contra Julian Assange y Wikileaks y por lo tanto constituye una tortura instrumental. Puede que sea cierto pero ahora se ha revelado otro abuso a añadir a su calvario. El abogado de Manning dice que las nuevas medidas contra su defendido se tomaron como represalia por un comentario sarcástico que Manning hizo a los guardias de la prisión sobre usar “la goma elástica de su ropa interior” para auto-lesionarse; su abogado lo describe como una “humillación ritual”. Y así vemos claramente como está creciendo una nueva clase de cáncer social: El abuso de poder y la extensión de los malos tratos por el mero hecho de ser una prerrogativa del Estado. Recuerden que es eso lo que pasó en Abu Ghraib -no sólo el uso tortura para obtener un resultado sino la tortura como forma de diversión, por vendettas personales, o por la sencilla razón de que el uniforme lo permite. El trato recibido por Manning en Quantico, del mismo modo que el encarcelamiento de reclusos en los CMU sin ningún motivo legal aparente, demuestra que los residuos tóxicos de Abu Ghraib están aún entre nosotros. No se los hizo desaparecer con la retirada de George W. Bush, ni se los destruyó con la elección de Obama. Todo lo contrario. Han penetrado profundamente dentro del aparato del Estado y continuarán ejerciendo su perversa influencia hasta que los Estados Unidos tomen una decisión fundamental: Acatar el estado de derecho y respetar los derechos humanos.
La promesa más importante de Obama fue la de ponernos en ese camino. Será para su eterna desgracia si sigue por la tenebrosa senda hacia un nuevo Abu Ghraib.
http://www.thenation.com/article/159168/obamas-war-terror

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